“¡Exulte el cielo y la tierra se llene de alegría!” Así canta la Iglesia en esta noche santa, donde la luz de Cristo vence toda oscuridad. Para la vida consagrada, este anuncio no es solo memoria, sino llamado vivo: ser luz en medio del mundo, como el cirio pascual que arde sin consumirse. Cada religiosa, cada consagrado, está llamado a reflejar esa luz que no se apaga, incluso en medio del cansancio, la entrega escondida y el silencio del servicio. El Pregón nos recuerda que esta es la noche en que todo cambia: la muerte es vencida y la esperanza renace. También en nuestra vida consagrada, Cristo resucitado renueva el sentido de nuestra entrega, recordándonos que nada de lo que se ofrece por amor se pierde. “¡Oh feliz culpa que mereció tal Redentor!” En nuestras fragilidades, límites y luchas, se manifiesta la gracia. La vida consagrada no es perfección, sino fidelidad confiada en Aquel que nos llamó. Que en esta Pascua, el fuego nuevo encienda nuevamente nuestro “sí”, que la luz de C...
SALMO: Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c R/. Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R/. «Vosotras, no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, Evangelio del día San Mateo 28, 1-10 Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: «Vosotras, no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muert...