Memorare a San José:
Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San José, que jamás se ha oído decir que ninguno haya invocado vuestra protección e implorado vuestro auxilio sin haber sido consolado.
Lleno, pues, de confianza en vuestro poder, ya que ejercisteis con Jesús el cargo de Padre, vengo a vuestra presencia y me encomiendo a Vos con todo fervor. No desechéis mis súplicas, antes bien acogedlas propicio y dignaos acceder a ellas piadosamente.
Amén.
¡San José, ruega por nosotros!
Después de la Virgen María, San José ocupa el lugar más alto en la jerarquía de todos los santos.
Esto no solo se debe a sus virtudes y a su testimonio de fe y valentía, sino también a su papel esencial en la historia de la salvación.
Elegido por Dios para cuidar de Nuestra Señora como su esposo y criar a Jesús como su padre terrenal, San José vivió durante muchos años bajo el mismo techo que las dos personas más santas que han existido: Jesús, porque es Dios, y María, porque fue concebida sin Pecado Original.
Juntos, los tres vivieron momentos alegres y difíciles y compartieron muchos momentos “ordinarios”, como cualquier familia, pero vividos de manera sobrenatural.
“¡Ite ad Ioseph! Acude a José con extrema confianza, porque yo, como Santa Teresa de Ávila, no recuerdo haberle pedido nada a san José sin haberlo obtenido de buena gana” (San Padre Pío).
Extraído de churchpop
ordendesanbenito.org/donations


Comments
Post a Comment