"MARTÍN DE LA CARIDAD" -3 DE NOVIEMBRE
San Martín de Porres terciario laico, barbero de profesión y enfermero por lo aprendido de un médico cirujano; que por años él mismo se donara a su comunidad del convento de los dominicos hasta que pronunció los votos de pobreza, obediencia y castidad.
El santo peruano llevaba una vida austera y en espíritu de oración a semejanza de los grandes santos contemplativos hasta el éxtasis y elevarse en el aire delante de un crucifijo
"Martín de la caridad", "El Gran Apóstol de la Caridad" (como está inscrito en su tumba)
Su modo de hacer la caridad, pedía limosnas y obteniendo muchísima para ayudar a la gente pobre, enferma y a los hermanos de su comunidad, y las hierbas que cosechaba en el huerto, las utilizaba para curar a los enfermos que asistía y decía: «Yo te curo y Dios te sana» Fray San Martin de Porras
Orden de San Benito
Papa Juan XXIII lo nombró “Santo Patrono de la Justicia Social” y “Patrón Universal de la Paz” quien profesaba gran devoción por el santo, dijo que él era un ejemplo de sencillez y humildad lo que le valió la Santidad. Y al canonizarlo en 1962 exclamó: “¡Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos lo feliz y maravilloso que es seguir los pasos y obedecer los mandatos divinos de Cristo!”.
Ante las asechanzas del maligno, se mantenia en perfecta serenidad
Entraba por las puertas cerradas del convento cuando apresuroso iba a socorrer a un enfermo «¿Cómo ha podido entrar?» El santo respondió: «Yo tengo modo de entrar y salir».
Martín es bautizado en la iglesia de San Sebastián, donde 2 años más tarde también lo fuera Santa Rosa de Lima.
Son misteriosos los caminos del Señor: no fue sino un santo quien lo confirmó en la fe de sus padres. Fue Santo Toribio de Mogrovejo, primer arzobispo de Lima, quien hizo descender el Espíritu sobre su moreno corazón, corazón que el Señor fue haciendo manso y humilde como el de su Madre.
San Martín tiene un sueño que Dios le desbarata: "Pasar desapercibido y ser el último". Su anhelo más profundo siempre es de seguir a Jesús.
Se le confía la limpieza de la casa; por lo que la escoba será, con la cruz, la gran compañera de su vida.
Sirve y atiende a todos, pero no es comprendido por todos. Un día cortaba el pelo a un estudiante: éste molesto ante la mejor sonrisa de Fray Martín, no duda en insultarlo: ¡Perro mulato! ¡Hipócrita! La respuesta fue una generosa sonrisa.
El P. Fernando Aragonés testificó: "Se ejercitaba en la caridad día y noche, curando enfermos, dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor".
La portería del convento es un reguero de soldados humildes, indios, mulatos, y negros; él solía repetir: "No hay gusto mayor que dar a los pobres".
Su hermana Juana tenía buena posición social, por lo que, en una finca de ella, daba cobijo a enfermos y pobres. Y en su patio acoge a perros, gatos y ratones.
Su humildad fue probada en el dolor de la injuria, incluso de parte de algunos religiosos dominicos. Incomprensión y envidias: camino de contradicciones que fue asemejando al mulato a su Reconciliador.
Los religiosos de la Ciudad Virreinal van de sorpresa en sorpresa, por lo que el Superior le prohíbe realizar nada extraordinario sin su consentimiento.
Un día, cuando regresaba al Convento, un albañil le grita al caer del andamio; el Santo le hace señas y corre a pedir permiso al superior, éste y el interesado quedan cautivados por su docilidad.
...una profunda humildad que le hacía considerar a todos superiores a él, su celo apostólico, y sus continuos desvelos por atender a enfermos y necesitados, lo que le valió, por parte de todo el pueblo, el hermoso apelativo de "Martín de la caridad".
Entregó su alma al Señor el 3 de noviembre de 1639.
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| Capilla de San Martín de Porres Guanajuato, México |








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