Ana Catalina Emmerick 1774 - 1824
En los últimos años de vida, el único alimento que consumía Ana Catalina, era la Eucaristía, y ella es uno de los pocos santos que llevaba los estigmas de La Pasión de Cristo
Las visiones de la Beata Ana Catalina sobre "La Pasión" hicieran que inspiraran a Mel Gibson para la realización de la película "La Pasión"
Ana Catalina Emmerick relató lo que vio del nacimiento del Niño Jesús nuestro Señor
El relato de Ana Catalina Emmerick sobre lo que vio del nacimiento de nuestro Señor:
"He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el aire, a cierta altura de la tierra. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho".
"El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía".
"Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María".
"Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos".
"Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo".
"Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo".
"María fajó al Niño: tenía solo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. ‘¡Ah, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!’".
"He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos".
"Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte".
"A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados".
"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros".
"Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: ‘No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre’".
"Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando: ‘Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad’".
"Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba".
INCLINANCE A PEDIR LA GRACIA NOS DICE EL PAPA FRANCISCO:
Pidamos la gracia del estupor contemplando el pesebre, el Niño Jesús nos da la ternura más apreciada por todos los cristianos. Orden de San Benito
Por ello, el Papa invitó a pedir “la gracia del estupor, delante a este misterio, a esta realidad, así de tierna, así bella, así cercana a nuestros corazones, que el Señor nos de la gracia del estupor para encontrarlo, para acercarnos a Él, para acercarnos a todos nosotros” para que esto haga “renacer en nosotros la ternura”.
“¡Hoy necesitamos mucho la ternura! La ternura humana que es similar a la ternura de Dios, y hoy necesitamos tanto de la ternura, de la ternura humana delante a tantas miserias”, reconoció el Papa.
Catholic
Ana Catalina Emmerick, en una conversación de su niñez con su devoto padre, Bernard Emmerick, humilde campesino alemán se expresó así:
“Debía salir al campo con mi padre y llevar caballo, conducir la rastra y hacer todo género de faenas. Cuando dábamos alguna vuelta o nos parábamos, decía: “¡Qué hermoso es esto! Mira, de aquí podemos divisar la iglesia de Koesfeld y contemplar al Santísimo Sacramento y adorar a Nuestro Señor y Nuestro Dios. Desde allí nos está viendo y bendiciendo nuestro trabajo”. Cuando tocaban a misa, se quitaba el sombrero y hacía oración, diciendo: «¡Oigamos ahora misa!” Mientras trabajaba, decía: “Ahora está el sacerdote en el Gloria; ahora llega al Sanctus; y ahora debemos pedir con él esto o aquello y recibir la bendición”. Después cantaba o repetía alguna tonada. Cuando yo levantaba las mieses, decía: “Se espantan las gentes al oír la palabra milagro, y he aquí que vivimos de puro milagro y gracia de Dios. Mira el grano en la tierra: ahí está y de él sale un tallo que produce ciento por uno. ¿No es ésto un gran milagro?” El domingo, después de comer, nos refería el
sermón y lo explicaba de un modo muy edificante. También nos leía la explicación del Evangelio.”



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