Se modifica el rito de la ceniza por causa de la pandemia
«pronunciada la oración de bendición de las cenizas y después de asperjarlas, sin decir nada, con el agua bendita, el sacerdote se dirigirá a los presentes, diciendo una sola vez y para todos los fieles, la fórmula del Misal Romano: «Convertíos y creed en el Evangelio», o bien: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás».
Después, el sacerdote se limpiará las manos y se pondrá la mascarilla para proteger la nariz y la boca. Posteriormente, impondrá la ceniza a cuantos se acercan a él o, si es oportuno, se acercará a los fieles que estén de pie, permaneciendo en su lugar. Asimismo, el sacerdote tomará la ceniza y la dejará caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada».
La nota fue firmada en la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 12 de enero de 2021 por el cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos desde 2014 y Monseñor Arthur Roche, Arzobispo Secretario.
Vaticannews
Tomado de Info católica
En la audiencia general de éste miércoles 13 de enero, el Papa Francisco describió la importancia de la oración de alabanza a Dios, incluso en los momentos difíciles, y recordó que el fundamento de la alabanza es que “Dios es el Amigo fiel y su amor nunca falla”.
En ésta línea, el Santo Padre dijo que alguno ha definido a Dios como “centinela” ya que está “cerca de ti, te hace ir hacia adelante con seguridad” por lo que el Papa invitó: “en los momentos difíciles, obscuros, tengamos la valentía de decir ‘bendito Señor’, alabar al Señor, ésto nos hará mucho bien”.
Les agrego en ésta entrada el video traducido del santo Papa Francisco que nos dice en éstos momentos de la crisis, bendice y alaba al Padre.
Llevando la palabra al mundo entero,
El salmo 145 expresado por los congregados en los diferentes idiomas, inglés, alemán, árabe, polaco, italiano, portugués, francés... Y el Padre Nuestro en latín. Orden de San Benito.
SALMOS, 145
Biblia Latinoamericana
1 Te celebro, oh Rey mi Dios, y bendigo tu nombre para siempre.
2 Deseo bendecirte cada día, alabaré tu Nombre para siempre.
3 Grande es el Señor, muy digno de alabanza, y no puede medirse su grandeza.
4 De generación en generación se celebran tus obras, se cuentan tus proezas.
5 El esplendor, la gloria de tu Nombre, tus maravillas, los repetiré.
6 De tu poder formidable se hablará, y tus grandezas yo las contaré.
7 Nos harán recordar tu gran bondad y se proclamará tu justicia.
8 El Señor es ternura y compasión, paciente y lleno de amor.
9 El Señor es bondad para con todos, sus ternuras están en todas sus obras.
10 Te den gracias, Señor, todas tus obras, te bendigan tus amigos;
11 que hablen de la gloria de tu reino y anuncien tus hazañas,
12 para que vean los hombres tus proezas, el brillo y la gloria de tu reino.
13 Tu reino es reino por todos los siglos y tu imperio, por todas las edades. Fiel es el Señor en todas sus palabras y bondadoso en todas sus obras.
14 Sostiene el Señor a todos los que caen, a los que están encorvados endereza.
15 Los ojos de todos de ti esperan que les des a su tiempo su alimento.
16 Tú sólo abres tu mano, y satisfaces de lo que quiera a todo ser viviente.
17 Justo es el Señor en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras.
18 Cerca está el Señor de los que le invocan, de todos los que lo invocan de verdad.
19 Les da en el gusto a todos los que lo temen, escucha su clamor y los salva.
20 El Señor guarda a todos los que lo aman, y a todos los malvados extermina. ¡Que mi boca proclame la alabanza del Señor y todo ser carnal bendiga su santo nombre, por siempre y para siempre!





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