EUCARÍSTICA
Sacerdote que rompe en llanto por la irreverencia en la Eucarística.
“Hay cosas que a veces no se puede explicar, o más bien sí. Lo que pasa es que duele mucho cuando el Señor permite compartir o ver ciertas cosas“, comienza diciendo.
“A partir de éste momento, en nuestra parroquia, sólo se podrá comulgar en la boca y de rodillas. No podrá ser de otra manera”, dice de repente.
Pero luego explica: “Cristo está vivo, está entre nosotros y le duele muchísimo -no sólo cuando no se comulga porque es un dolor muy grande para Él-, sino cuando se recibe ni siquiera siendo conscientes a Quién se está recibiendo”.
“Y cuando se recibe como se si recibiera cualquier comida, como si no se creyera en su presencia, ahí está vivísimo. Y si les decía recíbanlo de ésta manera, tenga cuidado… y no se hace; así sea una pequeña partícula, la más diminuta, ahí está Él todo.
Por éso siempre se debe tener el mayor cuidado posible”, concluye.
El dolor que siente el sacerdote se debe a la forma y poca delicadeza que se tiene al recibir la Eucaristía siendo esta el pan celestial. Muy posiblemente lo haya visto así en el momento de la Comunión.
Recordando éstas palabras de Jesús, la Iglesia Católica profesa que en la celebración de la Eucaristía, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo por el poder del Espíritu Santo y mediante el ministerio del sacerdote. Jesús dijo: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida. . . . Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” (Jn 6:51-55). Cristo entero está verdaderamente presente, cuerpo, sangre, alma y divinidad, bajo la apariencia de pan y vino: el Cristo glorificado que se levantó de entre los muertos después de morir por nuestros pecados. Ésto es lo que quiere decir la Iglesia cuando habla de la “presencia real” de Cristo en la Eucaristía. Ésta presencia de Cristo en la Eucaristía se denomina “real” sin excluir otros tipos de presencia como si no pudieran entenderse como reales (cf. Catecismo, no. 1374). Cristo resucitado está presente en su Iglesia de muchas maneras, pero muy especialmente a través del sacramento de su Cuerpo y su Sangre.
[ usccb ]


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