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LA ORACIÓN EN TIEMPOS DE CUARESMA


ORACIÓN

Lo que pide la oración lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia. Orden De San Benito Charles Travis David Scott Bishop Robert Roberto Cintron Ibis Guerrero Ileana Morales Marlon Fernández Deivy Jose Perez Perez Julio Martell Candelaria Contreras Sonia Gonzalez Maria Lorena Eden-Sobalvarro Marìa Angeles Obenga Mariam Gonzales Everett Waterman Jose Luis Picallo Luis Aguiar Maria Cecilia Leon Clara De La Torre Zoe Alonso Gladys Dueñas Fraternidad Sacerdotal San Pablo Apóstol Maria Claudia Duque P  Julia Gomez Lianet Menéndez Aracekyd Marcod Paco Valdivia Oquendo Isaias Jimenez Conchita Perez Celia Frank Mary Ann Waterman Bárbara Fernández-Bada Ramos Barbara Leon Frank Michael Hernandez Manuel Alejandro Zamora Josue Rodríguez Abel Denis Guerra Francisca Fernandez Rudy Lopez Ana Teresa Magan Danilo Garcia Cyra Sobalvarro Xiomara Díaz Gutierrez Teresita Emilito Fernandez Norma Ardon-Castrillo Blankelien Gonzalez Roqueso Adrian Crosales Elias Lastre Guerra Rodrigo Belalcazar Roberto Morales





Oración, ayuno y misericordia son inseparables

De los sermones de San Pedro Crisólogo, obispo y Padre de la Iglesia.

(Sermón 43: PL 52, 320. 322)

Ver también: ayuno


La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe


Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante, y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente.


El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros, no posee ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica.


Que el que ayuna entienda bien lo que es el ayuno; que preste atención al hambriento quien quiere que Dios preste atención a su hambre; que se compadezca quien espera misericordia; que tenga piedad quien la busca; que responda quien desea que Dios le responda a é1. Es un indigno suplicante quien pide para si lo que niega a otro.


Díctate a ti mismo la norma de la misericordia, de acuerdo con la manera, la cantidad y la rapidez con que quieres que tengan misericordia contigo. Compadécete tan pronto como quisieras que los otros se compadezcan de ti.


En consecuencia, la oración, la misericordia y el ayuno deben ser como un único intercesor en favor nuestro ante Dios, una única llamada, una única y triple petición.


Recobremos con ayunos lo que perdimos por el desprecio; inmolemos nuestras almas con ayunos, porque no hay nada mejor que podamos ofrecer a Dios, de acuerdo con lo que el profeta dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias. Hombre, ofrece a Dios tu alma, y ofrece la oblación del ayuno, para que sea una hostia pura, un sacrificio santo, una víctima viviente, provechosa para ti y acepta a Dios. Quien no dé esto a Dios no tendrá excusa, porque no hay nadie que no se posea a si mismo para darse.


Más, para que éstas ofrendas sean aceptadas, tiene que venir después la misericordia; el ayuno no germina si la misericordia no lo riega, el ayuno se torna infructuoso si la misericordia no lo fecundiza: lo que es la lluvia para la tierra, eso mismo es la misericordia para el ayuno. Por más que perfeccione su corazón, purifique su carne, desarraigue los vicios y siembre las virtudes, como no produzca caudales de misericordia, el que ayuna no cosechará fruto alguno.


Tú que ayunas, piensa que tu campo queda en ayunas si ayuna tu misericordia; lo que siembras en misericordia, eso mismo rebosará en tu granero. Para que no pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir; al dar al pobre, te haces limosna a ti mismo: porque lo que dejes de dar a otro no lo tendrás tampoco para ti.

















OSB


 




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