El Crucifijo de San Damián que habló de a San Francisco
En éste salmo, Francisco, inspirándose en Jn y en Mt, hace hablar al Cristo de la pasión,...
Entre los salmos destacan especialmente el VI, de la hora de Nona, y el VII, de Vísperas del Viernes Santo. Después de los análisis profundos de Gallant y de Gagnan, parece suficiente ofrecer los textos, seguidos de una breve síntesis. Añado algunos textos o referencias bíblicas, en especial joáneas, cuando me parece oportuno.
Salmo VI (OfP 6: Nona)
Oh todos vosotros los que pasáis por el camino, * atended y ved si hay dolor como mi dolor (Lam 1,12).
Porque me rodearon perros innumerables, * me asedió el consejo de los malvados (Sal 21,17).
Ellos me miraron y contemplaron, * se repartieron mis vestidos y echaron a suerte mi túnica (Sal 21,18-19; Jn 19,23-24, donde también se cita el salmo 21).
Taladraron mis manos y mis pies, * y contaron todos mis huesos (Sal 21,17-18 - R).
Abrieron su boca contra mí, * como león que apresa y ruge (Sal 21,14).
Estoy derramado como el agua, * y todos mis huesos están dislocados (Sal 21,15).
Y mi corazón se ha vuelto como cera que se derrite * en medio de mis entrañas (Sal 21,15 - R).
Se secó mi vigor como una teja, * y mi lengua se me pegó al paladar (Sal 21,16).
Y me dieron hiel para mi comida, * y en mi sed me dieron vinagre (Sal 68,22).
Y me llevaron al polvo de la muerte (cf. Sal 21,16), * y aumentaron el dolor de mis llagas (Sal 68,27).
Yo dormí y me levanté (Sal 3,6 - R), * y mi Padre santísimo (Jn 17,11) me recibió con gloria (cf. Sal 72,24).
Padre santo (Jn 17,11), sostuviste mi mano derecha ' y me guiaste según tu voluntad, * y me recibiste con gloria (Sal 72,24 - R).
Pues, ¿qué hay para mí en el cielo?; * y fuera de ti, ¿qué he querido sobre la tierra? (Sal 72,25).
Mirad, mirad, porque yo soy Dios, dice el Señor; * seré ensalzado entre las gentes y seré ensalzado en la tierra (cf. Sal 45,11; cf. Jn 8,28; 10,29-38; OfP 7,9).
Bendito el Señor Dios de Israel (Lc 1,68), que redimió las almas de sus siervos con su propia santísima sangre (Hb 9,12; Ap 5,9; 21,22), * y no abandonará a ninguno de los que esperan en él (Sal 33,23 - R).
Y sabemos que viene, * que vendrá a juzgar la justicia (cf. Sal 95,13 - R; 1 Jn 5,20; Ap 14, 7; OfP 7,11).
En éste salmo, Francisco, inspirándose en Jn y en Mt, hace hablar al Cristo de la pasión, pero también al Cristo de la resurrección y ascensión gloriosa al cielo por medio del Padre Santo, Santísimo, proclamándose a sí mismo Dios-Redentor, que vendrá para el juicio final. Aun sin entrar en los diversos detalles, descritos y probados con mayor o menor probabilidad por Gallant y por Gagnan, parece bastante clara la íntima relación entre el Cristo del Crucifijo de San Damián y el Cristo del salmo VI del Oficio de la Pasión (OfP 6).
Para terminar el Oficio, el bienaventurado Francisco decía siempre esta bendición: «Bendigamos al Señor Dios vivo y verdadero: tributémosle siempre alabanza, gloria, honor, bendición y todos los bienes. Amén. Amén. Hágase. Hágase» (OfP Or).
Extraído de Franciscanos




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