Para que reflexionemos…
Éste atleta de Kenya, Abel Mutai, estaba sólo a unos metros de la meta pero se confundió con los letreros y se detuvo pensando que había finalizado la carrera. El atleta que corría detrás de él, el español Iván Fernández, al darse cuenta de lo que sucedía, comenzó a gritarle que continuara corriendo. Mutai no sabe español, por lo que no lo entendió.
Fernandez, reconociendo que Muray no lo comprendía, le dió un empujón para que continuara corriendo y ganara la carrera.
Un periodista preguntó a Iván: “¿por qué lo hiciste?” Iván le contestó: “Mi sueño es que algún día vivamos en un mundo en el que nos ayudemos unos a otros para alcanzar la meta”.
El periodista insistió: “pero, ¿por qué permitiste que ganara el atleta de Kenya?” Iván le respondió: “No le dejé ganar, él iba a ganar la carrera. Ésta victoria era suya”.
El periodista insistía, y le preguntó nuevamente: “Pero tú pudiste haber ganado”. Iván lo miró fijamente y le respondió: “Pero, ¿cuál hubiese sido el mérito de mi victoria? ¿Cuál sería el honor en ésea medalla? ¿Qué pensaría mi madre de ésto?”
Los valores se transmiten de generación en generación. ¿Qué valores enseñamos a nuestros hijos y cuánto inspiramos a los demás a vivir vidas virtuosas? La mayoría sólo nos aprovechamos de las debilidades y faltas de otros, en vez de empujarlos para que alcancen sus metas.
Cada vez que tu ánimo parezca debilitarse:
Josúe 1,9
«¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas».
Isaías 41,10
«No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia».
Timoteo 1,7
«Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio».
Juan 16,33
«Éstas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo».


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