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ESTRESADO POR LA CONFESIÓN?. QUIZÁS LO ESTÁS COMPLICANDO DEMASIADO



La confesión no debe ser complicada, y si te estresas demasiado, intenta simplificarla y no te preocupes por los detalles exactos cuando se trata de pecados veniales. Incluso con los pecados mortales, si es un pecado habitual que has cometido varias veces, solo da una aproximación de la cantidad de veces.

¿Estresado por la confesión? Quizás lo estás complicando demasiado

No hagas el sacramento de la confesión más difícil de lo que tiene que ser


Confesar los pecados a un sacerdote a veces puede ser abrumador. Especialmente si no lo has hecho en muchos años, puede parecer sobrecogedor enumerar tus pecados al sacerdote.

Los detalles no son necesarios

Sin embargo, una de las cosas que pueden hacer que la confesión parezca abrumadora es en realidad un concepto equivocado: no se te pide que le digas al sacerdote cada detalle vergonzoso de tus pecados. De hecho, es mejor no hacerlo.

En la mayoría de los casos, no es necesario que des largas explicaciones. Un sacerdote sugiere que seas lo más sencillo posible. Dice que algunas personas sienten que deben dar todo tipo de detalles sobre sus pecados particulares. No hay nada de malo en éso, dijo, pero no es esencial. Uno puede simplemente mencionar la categoría del pecado, y ser absuelto completamente de todos los pecados veniales.

Ofreció ésta lista como guía, diciendo que contiene el 90% de las cosas que el 90% de la gente puede confesar el 90% de las veces. Puedes llevar ésta lista contigo cuando te confieses, y añadir cualquier otro pecado que te venga a la mente.


No he amado a Dios con todo mi corazón y con toda mi alma.
He puesto a personas o cosas en mi vida por encima de Dios.
He sido irrespetuoso con mis papás o autoridades legítimas.
He usado el nombre de Dios en vano.
He provocado un escándalo sobre Dios o la Iglesia a través de mi mal ejemplo como cristiano.
He sido orgulloso.
No he sido amable con todos en mi vida.
He sido impaciente con la gente en mi vida.
He dejado que la ira se apoderara de mí.
He juzgado
He tenido malos pensamientos.
He impedido artificialmente el deseo de Dios de crear vida.
He tenido pensamientos o imágenes impuros que cosifican a hombres o mujeres.
Me he excedido con la comida o la bebida.
He abusado de las drogas.
He mentido.
He sido envidioso de lo que otros tienen.
No he sido agradecido por todos los dones que se me han dado.

¿Qué dice el Código de Derecho Canónico?

Al mismo tiempo, el Código de Derecho Canónico establece que “el fiel está obligado a confesar según su especie y número todos los pecados graves cometidos después del bautismo y aún no perdonados directamente por la potestad de las llaves de la Iglesia ni acusados en confesión individual, de los cuales tenga conciencia después de un examen diligente.”

Ésto significa que cuando tienes conocimiento de un pecado mortal (grave), debes nombrar ese pecado y cuántas veces lo cometiste. Por ejemplo, si has cometido adulterio, debes decirle al sacerdote cuántas veces. Si has cometido un pecado grave varias veces y no sabes el número, simplemente puedes decir «muchas», «varias» o «demasiadas para contar».

La confesión no debe ser complicada, y si te estresas demasiado, intenta simplificarla y no te preocupes por los detalles exactos cuando se trata de pecados veniales. Incluso con los pecados mortales, si es un pecado habitual que has cometido varias veces, solo da una aproximación de la cantidad de veces.

La reconciliación es un sacramento hermoso, en el que el alma se pone en paz por la misericordia de Dios. Si te está frenando lo que percibes como algo complejo, simplifica. No dejes que algo trivial te impida ser acogido por los brazos amorosos de Dios.

Extraído de Aleteía




“[Recibir el perdón de los pecados a través del sacerdote es una experiencia siempre nueva, original e inimitable. Nos hace pasar de estar solos con nuestras miserias y nuestros acusadores, como la mujer del Evangelio, a sentirnos liberados y animados por el Señor, que nos hace empezar de nuevo]”

Mirar al Crucificado y decir con asombro: “Allí es donde han ido mis pecados. Tú los has cargado sobre ti. No me has apuntado con el dedo, me has abierto los brazos y me has perdonado otra vez”. Papa Francisco








 


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