Hoy, 6 de enero, celebramos los cristianos la fiesta de la Epifanía, mencionada en el evangelio de Mateo 2, 1-12.
Según la tradición, fueron tres sabios de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes reconocieron en el niño Jesús la manifestación de la encarnación de Dios como ser humano, mensaje de amor y esperanza para todos los hombres de buena voluntad; ellos le ofrecieron como regalos sustancias de reconocido valor: oro, incienso y mirra.
En la Cuba de mi infancia, en memoria de ésta celebración, los niños recibíamos regalos que nos traían los “Reyes Magos” durante la noche del cinco al seis de enero.
He procurado transmitir a mis hijos y nietos ésta hermosa tradición.
Imágen: Nacimiento en la Catedral de San Cristóbal de La Habana, Navidad 2021-2022.
ORACIÓN AL COMENZAR AL NUEVO AñO
Tú, Padre amoroso, que velas por mí y estás por encima de los límites del tiempo y del espacio, sabes lo que necesitaré en este año que inicia. Me abandono a tu misericordia, a tu providencia. Que sea lo que Tú dispongas, Señor.
Aumenta mi fe, que sea capaz de descubrir tu presencia a mi lado. No permitas que nada me separe de Ti. Dame fortaleza y perseverancia en las pruebas, y ayúdame cada día a recordar que nunca sucederá nada que Tú y yo juntos, no podamos superar.
Líbrame de la indiferencia. Hazme sensible a las necesidades de los demás, y muéveme no sólo a orar, a interceder por ellos, sino a realizar acciones concretas en beneficio suyo.
Ayúdame a no ser avaro ni desperdiciado con mi tiempo, con mis dones. Enséñame a darme a los demás, a comprender que sólo vale la pena lo que se hace por los demás. Enséñame a salir de mí mismo para ir al encuentro de mis hermanos, sin prejuicios, sin retórica. Simplemente como Tú, con la mano extendida y el corazón abierto. Pero líbrame de la vanidad, de creerme bueno, de sentirme satisfecho. No dejes que me paralice la inercia, el orgullo, la complacencia. No dejes de inquietarme, de ponerme en movimiento, de lanzarme contigo a construir tu reino de paz, amor y justicia.
Enséñame a mantenerme sencillo y alegre, a ser verdaderamente testigo tuyo en mi mundo. Ayúdame a desprenderme de todo lo que me estorba para seguirte, líbrame de lo que me hace tropezar, de lo que me pesa: de mis rencores, mis egoísmos, mis orgullos, mis miserias, mis apegos.
Enséñame a ser paciente, comprensivo, dulce, a perdonar a los otros, a acogerlos en mi corazón. Enséñame a amar como amas Tú.
Quiero descubrirte en cada día de éste año que empieza, y ayudar a que otros te descubran también. Señor, que cuando me busquen a mí, te encuentren siempre a Ti.
Amén.
“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.”
Arzobispado de Santiago de Cuba
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