El amor y la envidia se inflaman cuan diferencia la irracional la última, es peligrosa.
Es lo que pasa cuando se va por caminos turbulentos, la conciencia te juega un mal papel. Orden de San Benito
¡No puedo con ésta envidia!
Para terminar, comparto la reflexión que nuestro Papa Francisco hizo hace algunos años basándose en la lectura que habla de la victoria de los israelitas sobre los filisteos gracias al coraje de David.
«…aquella gran victoria comienza a convertirse en derrota en el corazón del rey en el que se insinúa, como ocurrió con Caín, el ‘gusano de los celos y de la envidia’. Como Caín con Abel, el rey decide asesinar a David. Así actúan los celos en nuestros corazones, es una mala inquietud, que no tolera que un hermano o una hermana tengan algo que yo no tengo. Saúl, en vez de alabar a Dios, como hacían las mujeres de Israel, por esta victoria, prefiere encerrarse en sí mismo, amargarse, cocinar sus sentimientos en el caldo de la amargura.
Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Justamente fue ésta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo entró en el mundo. La Biblia dice: ‘Por la envidia del diablo entró el mal en el mundo’. Los celos y la envidia abren las puertas a todas las cosas malas. También dividen a la comunidad. […] En el corazón de una persona golpeada por los celos y por la envidia, ocurren dos cosas clarísimas:
La primera cosa es la amargura. La persona envidiosa, la persona celosa es una persona amargada: no sabe cantar, no sabe alabar, no sabe qué cosa sea la alegría, siempre mira ‘qué cosa tiene aquel y que yo no tengo’. Y esto lo lleva a la amargura, a una amargura que se difunde sobre toda la comunidad. Son, estos, sembradores de amargura.
La segunda actitud, que lleva a los celos y a la envidia, son las habladurías. Porque este no tolera que aquel tenga algo, la solución es abajar al otro, para que yo esté un poco más alto. Y el instrumento son las habladurías. Busca siempre y tras un chisme verás que están los celos, está la envidia. Y las habladurías dividen a la comunidad, destruyen a la comunidad. Son las armas del diablo. A continuación una persona que está bajo la influencia de la envidia y de los celos mata, como dice el apóstol Juan: “Quien odia a su hermano es un homicida”. Y el envidioso, el celoso, comienza a odiar al hermano».
Extraído de Catholic de Link
La plenitud es el primer camino para sentir paz.
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