La doctrina de la Iglesia también nos presenta a los santos, beatos y siervos de Dios como hombres y mujeres que deben ser imitados, venerados y también ser invocados para que nos ayuden a alcanzar todas las gracias y bendiciones de Dios. Su papel es únicamente de intercesión; es decir, interceden por la persona ante Dios para que Él obre el milagro. Por ello se debe evitar decir “San Judas Tadeo me hizo el milagro” o “la Virgen de Guadalupe me hizo el milagro”. Lo correcto es decir: “Dios me concedió el milagro por intercesión de San Judas Tadeo” o “Gracias a la Virgen de Guadalupe, Dios obró el milagro”. (POR DLF REDACCIÓN Desde la fe)
Latría: Reverencia, culto y adoración que sólo se debe a Dios. Adorar algo o alguien fuera de Dios es idolatría.
Dulía: Culto que se tributa a los ángeles y santos.
Hiperdulía: Culto que se da a la Santísima Virgen María como suprema intercesora y Madre de Jesús.
Protodulía: Culto a San José como padre adoptivo de Jesús
Culto: Veneración, admiración, respeto, honor. Culto no es adoración sino reverencia.
Venerar: Respetar en sumo grado, dar culto a nuestra Madre María, a los santos o a las cosas consagradas a Dios.
Luego entonces, el católico cristiano sólo adora a Dios; y a las imágenes de nuestra Madre María y a las de los santos, les venera. Además, no se adora a las imágenes de Dios, nuestra Madre María ni de los santos, se adora y se venera a quién representan. Hay que saber distinguir entre adorar y venerar.
Al traer consigo, en nuestra cartera, las fotografías de nuestros seres queridos y ver ésas fotografías, no quiere decir que somos idólatras, porque no estamos adorando ese pedazo de cartón sino al ver su imágen estamos evocando a los seres que amamos y recurrimos a esos pedazos de papeles no en la materia, sino por lo que representan afectiva y familiarmente para nosotros. La Iglesia respeta las imágenes de igual forma que respetamos y veneramos la fotografía de nuestros seres queridos.
PEQUEÑOS PASTORCITOS Y EL AGRADO POR JESÚS SACRAMENTADO CONTINUACIÓN:
Tan sólo tres niños
Francisco, sabiendo que no viviría mucho tiempo porque así le fue anunciado, le decía a Lucía: “Vayan ustedes al colegio, yo me quedaré aquí con Jesús escondido”. A la salida del colegio, las niñas solían encontrarlo en el lugar más cercano al Tabernáculo, siempre en profundo recogimiento. De los tres, el pequeño Francisco era el más dado a la contemplación y quería, con sus oraciones, consolar a Dios, tan ofendido por los pecados de la humanidad.
En una ocasión Lucía le preguntó: "Francisco, ¿qué prefieres más, consolar al Señor o convertir a los pecadores?" Él respondió: "Yo prefiero consolar al Señor… “¿No viste qué triste estaba Nuestra Señora cuando nos dijo que los hombres no deben ofender más al Señor, que está ya tan ofendido? A mí me gustaría consolar al Señor y después, convertir a los pecadores para que ellos no ofendan más al Señor." Después prosiguió: "Pronto estaré en el cielo. Y cuando llegue, voy a consolar mucho a Nuestro Señor y a Nuestra Señora."
Jacinta participaba diariamente de la Santa Misa para recibir la Comunión. Todo lo ofrecía por la conversión de los pecadores y para reparar las ofensas hechas a Dios. Le atraía mucho estar con Jesús Sacramentado. "Cuánto amo el estar aquí, es tanto lo que le tengo que decir a Jesús", repetía.
“Vayan ustedes al colegio, yo me quedaré aquí con Jesús escondido”. A la salida del colegio, las niñas solían encontrarlo en el lugar más cercano al Tabernáculo, siempre en profundo recogimiento. De los tres, el pequeño Francisco era el más dado a la contemplación y quería, con sus oraciones, consolar a Dios, tan ofendido por los pecados de la humanidad.
Extraído de Aciprensa
ordendesanbenito.org
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