Un mandamiento nuevo nos da el Señor: “amarnos los unos a los otros como Él nos amó”. Orden De San Benito Charles Travis David Scott Bishop Robert Pedro Rivera William Torres Ibis Guerrero Candelaria Contreras Caroll Sumner Mary Ann Waterman Everett Waterman Luis Aguiar Roansser Posada Rina Fernandez Teresita Emilito Fernandez Marlon Fernández Haidee Diaz Carlos Enrique Borges Lysaris Marrero Eugenia Morales Juan Anglada Pakito V Kinto Dialys Guevara Armando Valdueza Julio Martell Carmen Guerra Lopez Carmen Rivera Maria Claudia Duque P Yasser Alvarez
En su carta del 5 de octubre de 1986 al M. R. P. Kolvenbach, prepósito general de la Compañía de Jesús, el Papa definía así “la verdera definición pedida por el Corazón del Salvador”: “Sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, edificar la civilización del amor tan deseada, el reino del Corazón de Cristo”
Para Juan Pablo II, el Corazón de Cristo reinará, pues, cuando se establezca la civilización del amor”, es decir cuando el amor reemplace el odio, cuando el amor al prójimo por amor a Cristo amante, venza en cada persona las pasiones y las pulsiones de violencia. Cuando, en otros términos, el prójimo sea respetado en sus derechos por amor al más próximo de todos los prójimos, Cristo. De esta manerá será reparada la persona odiosa, preocupada por reemplazar el odio por el amor.
Como lo observa L. M. Mendizabal, ésta interpretación de la reparación algunas veces ha sido mal comprendida, en un sentido puramente “horizontalista” como si el papa hubiese dicho: “La verdadera reparación no consiste en una expiación dolorosa de los pecados del mundo, sino en establecer la paz y el bienestar en el mundo. Se olvida la declaración hecha quince días antes de ésta carta, con ocasión de un simposium internacional: “La consagración al Corazón de Nuestra Señora se realiza, en la práctica, esencialmente viviendo en estado de gracia, con una vida de pureza, de oración, penitencia unida al cumplimiento de todos los deberes de un cristiano y de reparación por nuestros pecados y los pecados del mundo.
En realidad, la declaración del Papa a la Compañía de Jesús quiere decir que a los ojos del señor, el orden violado por la violencia y por el odio no podrá ser restaurado en el mundo más que por el amor sobrenatural por el prójimo y es esta restauración, este retomar de la justicia amante que constituye la esencia de la reparación. Oración, penitencia, cumplimiento de los deberes de estado deben ser vividos en el horizonte del establecimiento de una civilización del amor para constituir la completa reparación social que desea el Corazón de Jesús.
Extraído de Aciprensa
ordendesanbenito.org
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