La Parábola de la Perla
Comparación Bíblica
«También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró» (Mateo 13:45-46)
La perla como tal, es un órgano de origen animal al cual un cuerpo extraño, parásito se introduce en el molusco, y éste reacciona produciendo carbono de calcio dando origen a la formación de la extraordinaria belleza de perlas de gran valor. Orden de San Benito
Identifiquemos ahora la similitud que tiene ésto con nosotros los cristianos. Así como el parásito penetra en el cuerpo del molusco, así nuestro pecado se metió en Cristo y Él fue hecho pecado por nosotros. Cristo fue quien buscó y encontró a los pecadores perdidos, y murió por nosotros; derramando Su sangre preciosa para comprar nuestra redención. En conclusión, la formación de la perla (la iglesia) es el resultado del organismo (Cristo) al parásito invasor (el pecado).
La iglesia somos tú y yo.
Volviendo a nuestra narración acerca de la perla de gran precio, es bueno saber que los judíos consideraban las perlas apropiadas sólo para los reyes, monarcas o potentados. Otra cuestión es que la perla representaba la inocencia y la pureza. Continuemos entonces con la interpretación de ésta hermosa parábola.
Recordemos que en la parábola anterior, el hombre no andaba buscando “el tesoro”, él lo encontró por casualidad, pero en ésta parábola el mercader es quien sale a buscar a “la perla de gran valor”, y ese mercader es figura de “Cristo” quien inició la búsqueda de "buenas perlas”, figura de los hombres; siendo éstos para Cristo como una joya hermosa y de gran estima. Ambas parábolas tienen en común que los dos hombres consideraron que valía la pena hacer grandes sacrificios para ser poseedores de ésos valiosos tesoros. [ Sandra Nuñez ]
Hechos, 10
La Biblia de Jerusalén
1 Había en Cesárea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la corte Itálica,
2 piadoso y temeroso de Dios, como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y continuamente oraba a Dios.
3 Vió claramente en visión, hacia la hora nona del día, que el Angel de Dios entraba en su casa y le decía: «Cornelio.»
4 El le miró fijamente y lleno de espanto dijo: «¿Qué pasa, señor?» Le respondió: «Tus oraciones y tus limosnas han subido como memorial ante la presencia de Dios.
5 Ahora envía hombres a Joppe y haz venir a un tal Simón, a quien llaman Pedro.
6 Éste se hospeda en casa de un tal Simón, curtidor, que tiene la casa junto al mar.»
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Monasterio Benedictino
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