Cuando todo acabe, ¿qué quedará?
Hoy he amanecido con ésta pregunta. Sí, hoy será un día especial, al menos para muchos.
Hoy tendremos procesiones, programas radiales, misas en muchos lugares... y volveremos como cada día de la novena a invocar a nuestra Madre, y le dejaremos en su corazón lo que habita en el nuestro, que no nos atrevemos a decir, quizás porque Ella ya sabe, y de esto tengo certeza. Quiero alegrarme con las celebraciones, y ojalá sean muchas y profundas, sin más búsqueda que el bien para todos. Sin embargo, no es completa mi alegría, de la que puedo esperar desde esta humanidad; será completa cuando ya mi ser esté con ÉL en su Reino, aspiración confiada de todo creyente.
Repito, después de éste día, ¿qué quedará?
Sigo sin conformarme con migajas. Perdón por éste reclamo. Seguimos pidiendo permisos para ejercer derechos. No, no es lo justo, no es lo que deberíamos hacer. Y muchos me dirán es lo que podemos, ya me parece escuchar las mismas expresiones de años y años, y tristemente compruebo el mismo resultado. De ahí brota con tanta fuerza interior mi pregunta: Cuando todo acabe, hoy, día de nuestra Madre, ¿qué quedará? No veo nada más que la misma miseria, la misma represión, la misma tristeza en los rostros de tantos, llantos como el de la familia de la pequeña que murió en Guantánamo por un desastre de escuela, o el de los familiares de los que están muriendo por falta de medicamentos, especialmente por dengue... y tantos más.
Quiero celebrar a la Virgen con toda mi alma y ansío con fuerzas que sea grande su fiesta, pero es más fuerte el susurro de su voz que escucho en mi corazón: HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA. Y Él nos habló de libertad, de justicia, de un mundo mejor para los pobres. Nos enseñó a dar la vida, amor entregado hasta el extremo; no se dejó comprar por los poderosos, les reclamó lo que es DERECHO. ¿Y nosotros nos conformamos con migajas? No quiero en lo más honesto de mí dañar a nadie, quizás sea yo la que esté equivocada, pero mañana cuando hayan pasado las procesiones, seguiremos asistiendo a otras procesiones de largas horas de colas, y posiblemente perdidas por no alcanzar lo esperado. Mañana no compraremos velas, y si lo hacemos será para remediar tristemente la oscuridad que sigue invadiendo a tantos. Mañana no escucharemos los mensajes positivos y alentadores en los permitidos programas radiales, escucharemos los logros invisibles por décadas y que solo los escuchamos, incluso los esperamos como modo de confirmar lo mal que seguimos estando.
¿Qué quedará cuando pase tu día, Madre nuestra? Quedará permanente tu amor por ésta Isla. Quedará la certeza de la presencia fiel de tu amado hijo hacia este pueblo. Quedará la oración con la que hemos rezado cada día de la novena: Da sabiduría a los gobernantes y VALENTÍA a la Iglesia para que no deje de proclamar lo que le es propio. Y seguirá quedando el deseo profundo de una Cuba libre, esperanzada y esperanzadora, y seguiremos creyendo que será posible y, ¿por qué no?, que tú nos adelantes el abrazo esperado de un pueblo que se sabe hermano y que quiere sentirse cobijado bajo tu manto. Es mi súplica Madre, es mi confianza, y no deja de ser mi canto. Nadieska Almeida - facebook
Oración del Papa a la Virgen de la Caridad del Cobre (Cuba)
Virgen de la Caridad, memoria del Dios que es Amor
Oración del Papa Francisco a la Virgen de la Caridad del Cobre en su santuario de Santiago de Cuba (21-9-2015)
(RV).- Después de bendecir la ciudad de Holguín el Santo Padre tomó el avión que lo llevó a la última etapa de su estadía en Cuba en la ciudad de Santiago de Cuba. Allí la primera actividad pontífice fue el encuentro con los Obispos en el Seminario San Basilio Magno. Después el Santo Padre se dirigió junto a los Obispos y el Séquito Papal a la Basílica menor del Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre para rezar juntos a la Madre venerada y amada por los cubanos dentro y fuera del país que fuera proclamada Patrona de Cuba por Benedicto XV en 1916.
Oración:
¡Virgen de la Caridad del Cobre,
patrona de Cuba!
¡Dios te salve, María, llena de gracia!
Tú eres la Hija amada del Padre,
la Madre de Cristo, nuestro Dios,
el Templo vivo del Espíritu Santo.
Llevas en tu nombre, Virgen de la Caridad,
la memoria del Dios que es Amor,
el recuerdo del mandamiento nuevo de Jesús,
la evocación del Espíritu Santo:
amor derramado en nuestros corazones,
fuego de caridad
enviado en Pentecostés sobre la Iglesia,
don de la plena libertad de los hijos de Dios.
¡Bendita tú entre las mujeres
y bendito el fruto de tu vientre, Jesús!
Has venido a visitar nuestro pueblo
y has querido quedarte con nosotros
como Madre y Señora de Cuba,
a lo largo de su peregrinar
por los caminos de la historia.
Tu nombre y tu imagen están esculpidos
en la mente y en el corazón de todos los cubanos,
dentro y fuera de la patria,
como signo de esperanza
y centro de comunión fraterna.
¡Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra!
Ruega por nosotros ante tu Hijo Jesucristo,
intercede por nosotros con tu corazón maternal,
inundado de la caridad del Espíritu.
Acrecienta nuestra fe,
aviva la esperanza, aumenta y fortalece
en nosotros el amor.
Ampara nuestras familias,
protege a los jóvenes y a los niños,
consuela a los que sufren.
Sé Madre de los fieles
y de los pastores de la Iglesia,
modelo y estrella de la nueva evangelización.
¡Madre de la reconciliación!
Reúne a tu pueblo disperso por el mundo.
Haz de la nación cubana
un hogar de hermanos y hermanas
para que este pueblo abra de par en par
su mente, su corazón y su vida a Cristo,
único Salvador y Redentor,
que vive y reina con el Padre
y el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
Amén.
[El Santo Padre enciende una vela ante la imagen de la Santísima Virgen y le presenta un don]
Quédate con nosotros, Señor,
acompáñanos aunque no siempre
hayamos sabido reconocerte.
Quédate con nosotros porque tú eres el Camino,
la Verdad y la Vida.
Quédate en nuestras familias,
ilumínalas y sostenlas en las dificultades.
Quédate con nuestros niños y nuestros jóvenes:
en ellos está la esperanza
y la riqueza de nuestra patria.
Quédate con los que sufren,
confórtalos y protégelos.
Quédate con nosotros, Señor,
cuando surge la duda,
el cansancio o la dificultad;
ilumina nuestras mentes con tu Palabra;
aliméntanos con el Pan de Vida
que nos ofreces en cada eucaristía;
ayúdanos a sentir el gozo de creer en ti.
Quédate, Señor,
con la comunidad de tus discípulos.
Renueva en nosotros el don de tu amor.
Anímanos y consérvanos en la fidelidad,
para que anunciemos a todos con alegría
que tú nos has resucitado
y que nos has dado la misión
de ser tus testigos.
Que María de la Caridad,
discípula y misionera,
Madre de todos, nos acompañe y proteja.
Amén.
A la Virgen de la Caridad el Papa Francisco donó un jarrón con flores realizadas con tallos de plata y pétalos de cerámica. Así el Papa quiso simbolizar el gesto que cumplen todos los cubanos: donar a la Virgen del Cobre un ramo de flores.
Foto: El Papa en oración ante la Madre de los cubanos, la Virgen de la Caridad del Cobre – OSS_ROM
(Original español procedente del archivo informático de la Santa Sede; edición de ECCLESIA)
ordendesanbenito.org




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