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ANTES DE DORMÍR, PERDÓNALO TODO !!!


 

Antes de dormir perdónalo todo!!!


 Perdón, porque no tengo la más mínima duda, que muchos de mis actos, y mis palabras, y mis silencios, perjudicaron, dañaron, decepcionaron y desilusionaron.


¡No, no tengo ninguna excusa!

No pretendo justificar absolutamente nada.


Perdón a cada uno de ustedes.

Perdón individual y personal.

Perdón, también, porque seguramente pude ser más sensible, más

 perceptivo, más humano.


Perdón por no estar a la altura de las circunstancias.

Perdón por crear falsas expectativas, por no llegar, por responder cuando ya no me necesitaban.


Me comprometo, ante cada uno de ustedes, a intentar hacerlo mucho mejor.

Me comprometo, ante cada unode ustedes, a Intentar...

Rectificar, 

Reparar, crecer, y Mejorar.

Por favor, desde mi más plena y absoluta conciencìa de no ser más que polvo y ceniza, les ruego su más sincero Perdón.


El qué Perdona cultiva el Amor. (Prov.17:8)

¡Amén! 

Proverbios -Torá ordendesanbenito.org/donations


¡No puedo perdonar! ¿Cómo lo hago? 7 claves para abrir tu corazón al perdón


¡Cuánto nos cuesta perdonar! El dolor de una herida recibida puede durar largo tiempo. Somos seres humanos, frágiles, pecadores, en relación con los demás, que sentimos y amamos. Nuestra vida de cristianos nos enseña a amar y a perdonar y todos los días, este se convierte en un ejercicio constante de desprendimiento y confianza en Dios. No podemos perdonar a otros si primero no nos perdonamos a nosotros mismos. ¡Gran tarea es ésta! Pero, ¿cómo perdonar aquello que es tan doloroso para mí? ¿Cómo olvidar el mal recibido? ¿Es posible perdonarlo todo? Dios nos da algunas claves en las Sagradas Escrituras que podemos ir poniendo en práctica, pero no es algo que viene de una vez para siempre, es un ejercicio constante que debemos aceptar y asumir.


Quiero compartir contigo 7 claves que pueden ayudarte a perdonar. Pero debes saber que solo no puedes, Por tus propias fuerzas será imposible. Debes dejar actuar a Dios, abrirte a Él, que Él te enseñe el camino del perdón. Y verás que las cosas van tomando su rumbo normal, que vas perdonando, que vas abriendo tu corazón a este gran regalo que es el perdón.


Entonces, ¿cómo puedo perdonar?, ¿qué necesito?


1. Humildad


Quizá olvidas que tú también has sido sujeto de perdón para otros. Que has fallado en múltiples ocasiones, que has defraudado a muchos y traicionado a otros más. Eres humano y por la condición humana eres vulnerable a los errores. Aquella frase “estamos todos cortados por la misma tijera” viene muy bien a la hora de analizar las propias actitudes. ¿Quién de nosotros no ha fallado alguna vez? Todos lo hemos hecho y seguiremos haciéndolo, porque somos humanos.


Pensar que tú también has sido ocasión de perdón para otros puede ayudarte a perdonar. Además, ¡Dios te ha perdonado mucho! Dentro de la humildad está el reconocerse pecador, pero no sólo a sí mismo, sino frente a Dios. El sacramento de la confesión siempre te ayudará a valorar el perdón, te enseñará a perdonar. «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad» (1 Juan 1, 8-9). La

humildad de reconocerte pecador, de reconocerlo ante Dios, es el inicio del camino hacia el perdón. ¿Estás dispuesto a recorrerlo? Busca siempre el camino seguro de la humildad.


«Humíllense bajo la mano poderosa de Dios, para que a su tiempo los exalte. Descarguen sobre Él todas sus preocupaciones, porque Él cuida de ustedes. Sean sobrios y vigilen, porque su adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resístanle firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos padecimientos» (1 Pedro 5, 6-9).


2. Abre el corazón al amor


«Donde está tu tesoro allí estará también tu corazón» (Mateo 6, 21). Ahora bien, ¿qué hay en tu corazón? ¿Qué tesoros tienes allí? ¿Qué cosas guardas en lo profundo de tu interior? Quizá sea el amor a tí mismo, el egocentrismo, el pensar solo en tus cosas. Esta actitud cierra tu corazón a los demás, haciendo que vaya poco a poco oxidándose como el hierro erosionado por el agua. Tu corazón está hecho para recibir el amor de Dios y para amar a los demás. Recuerdo que en un campamento de verano siempre nos hacían repetir: «Hemos sido creados para amar», lo hacíamos tantas veces al día que se quedó marcado en mi mente y en mi corazón. Has sido creado por el mismos Amor para que tú también puedas ama a otros. Abrir tu corazón al amor significa dejar que venga Dios y lo sane, que lo restaure, que lo purifique. Él lo promete cuando dice: «les daré un solo corazón, derramaré en su interior un espíritu nuevo. Arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» (Ezequiel 11, 19). Pídele a Dios un corazón de carne, un corazón que sufra con los demás, un corazón abierto para acoger al otro tal como es. ¡Cuánto se necesita hoy esos corazones disponibles para amar como Dios ama!


«Que su adorno no sea el de fuera: peinados, joyas de oro, vestidos llamativos, sino lo más íntimo suyo, lo oculto en el corazón, ataviado con la incorruptibilidad de un alma apacible y serena» (1 Pedro 3, 3-4).


3. Pide ayuda a Dios


La poca humildad y el excesivo amor propio van haciendo que confiemos primero en nuestras fuerzas para intentar solucionar los problemas de la vida. Pero, ¡cuán ciertas son las palabras de Jesús: «Sin mí no pueden hacer nada». Pedir ayuda a Dios se convierte en la última carta a jugar, en el salvavidas, en el último recurso disponible. Cuando ya nada podemos hacer nos acercamos a Dios para pedirle ayuda. Si quieres evitar acordarte de Dios en casos extremos, debes comenzar desde ahora a confiar en Él y pedir su ayuda. Dios te conoce y sabe lo que le vas a pedir, pero quiere que confíes en su poder. Por eso, aunque no tengas problemas y las cosas vayan bien, acércate con humildad a Dios para pedir ayuda en todo momento. La paz del cristiano tiene su raíz en la confianza en Dios, no en él mismo. El Señor no se deja ganar en generosidad y de seguro superará infinitamente tus expectativas. «Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te fíes de tu propio discernimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas» (Proverbios 3, 5-6). Confía en Dios, ¡confía en su poder! No tengas miedo a dejar tus seguridades en la orilla y lánzate al mar. El Señor te ¡No puedo perdonar! ¿Cómo lo hago? 7 claves para abrir tu corazón al perdón

H. Edgar Henríquez Carrasco


febrero 02, 2018


¡Cuánto nos cuesta perdonar! El dolor de una herida recibida puede durar largo tiempo. Somos seres humanos, frágiles, pecadores, en relación con los demás, que sentimos y amamos. Nuestra vida de cristianos nos enseña a amar y a perdonar y todos los días, este se convierte en un ejercicio constante de desprendimiento y confianza en Dios. No podemos perdonar a otros si primero no nos perdonamos a nosotros mismos. ¡Gran tarea es ésta! Pero, ¿cómo perdonar aquello que es tan doloroso para mí? ¿Cómo olvidar el mal recibido? ¿Es posible perdonarlo todo? Dios nos da algunas claves en las Sagradas Escrituras que podemos ir poniendo en práctica, pero no es algo que viene de una vez para siempre, es un ejercicio constante que debemos aceptar y asumir.


Quiero compartir contigo 7 claves que pueden ayudarte a perdonar. Pero debes saber que solo no puedes, Por tus propias fuerzas será imposible. Debes dejar actuar a Dios, abrirte a Él, que Él te enseñe el camino del perdón. Y verás que las cosas van tomando su rumbo normal, que vas perdonando, que vas abriendo tu corazón a este gran regalo que es el perdón.


Entonces, ¿cómo puedo perdonar?, ¿qué necesito?


1. Humildad


Quizá olvidas que tú también has sido sujeto de perdón para otros. Que has fallado en múltiples ocasiones, que has defraudado a muchos y traicionado a otros más. Eres humano y por la condición humana eres vulnerable a los errores. Aquella frase “estamos todos cortados por la misma tijera” viene muy bien a la hora de analizar las propias actitudes. ¿Quién de nosotros no ha fallado alguna vez? Todos lo hemos hecho y seguiremos haciéndolo, porque somos humanos.


Pensar que tú también has sido ocasión de perdón para otros puede ayudarte a perdonar. Además, ¡Dios te ha perdonado mucho! Dentro de la humildad está el reconocerse pecador, pero no sólo a sí mismo, sino frente a Dios. El sacramento de la confesión siempre te ayudará a valorar el perdón, te enseñará a perdonar. «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad» (1 Juan 1, 8-9). La humildad de reconocerte pecador, de reconocerlo ante Dios, es el inicio del camino hacia el perdón. ¿Estás dispuesto a recorrerlo? Busca siempre el camino seguro de la humildad.


«Humíllense bajo la mano poderosa de Dios, para que a su tiempo los exalte. Descarguen sobre Él todas sus preocupaciones, porque Él cuida de ustedes. Sean sobrios y vigilen, porque su adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resístanle firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos padecimientos» (1 Pedro 5, 6-9).


2. Abre el corazón al amor


«Donde está tu tesoro allí estará también tu corazón» (Mateo 6, 21). Ahora bien, ¿qué hay en tu corazón? ¿Qué tesoros tienes allí? ¿Qué cosas guardas en lo profundo de tu interior? Quizá sea el amor a tí mismo, el egocentrismo, el pensar solo en tus cosas. Esta actitud cierra tu corazón a los demás, haciendo que vaya poco a poco oxidándose como el hierro erosionado por el agua. Tu corazón está hecho para recibir el amor de Dios y para amar a los demás. Recuerdo que en un campamento de verano siempre nos hacían repetir: «Hemos sido creados para amar», lo hacíamos tantas veces al día que se quedó marcado en mi mente y en mi corazón. Has sido creado por el mismos Amor para que tú también puedas ama a otros. Abrir tu corazón al amor significa dejar que venga Dios y lo sane, que lo restaure, que lo purifique. Él lo promete cuando dice: «les daré un solo corazón, derramaré en su interior un espíritu nuevo. Arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» (Ezequiel 11, 19). Pídele a Dios un corazón de carne, un corazón que sufra con los demás, un corazón abierto para acoger al otro tal como es. ¡Cuánto se necesita hoy esos corazones disponibles para amar como Dios ama!


«Que su adorno no sea el de fuera: peinados, joyas de oro, vestidos llamativos, sino lo más íntimo suyo, lo oculto en el corazón, ataviado con la incorruptibilidad de un alma apacible y serena» (1 Pedro 3, 3-4).


3. Pide ayuda a Dios


La poca humildad y el excesivo amor propio van haciendo que confiemos primero en nuestras fuerzas para intentar solucionar los problemas de la vida. Pero, ¡cuán ciertas son las palabras de Jesús: «Sin mí no pueden hacer nada». Pedir ayuda a Dios se convierte en la última carta a jugar, en el salvavidas, en el último recurso disponible. Cuando ya nada podemos hacer nos acercamos a Dios para pedirle ayuda. Si quieres evitar acordarte de Dios en casos extremos, debes comenzar desde ahora a confiar en Él y pedir su ayuda. Dios te conoce y sabe lo que le vas a pedir, pero quiere que confíes en su poder. Por eso, aunque no tengas problemas y las cosas vayan bien, acércate con humildad a Dios para pedir ayuda en todo momento. La paz del cristiano tiene su raíz en la confianza en Dios, no en él mismo. El Señor no se deja ganar en generosidad y de seguro superará infinitamente tus expectativas. «Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te fíes de tu propio discernimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas» (Proverbios 3, 5-6). Confía en Dios, ¡confía en su poder! No tengas miedo a dejar tus seguridades en la orilla y lánzate al mar. El Señor te espera, quiere que vayas y le cuentes tus problemas, que le pidas ayuda; Él está dispuesto siempre a darte lo que le pidas. «Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes» (Santiago 4, 8) nos recuerda el Apóstol, sigue su consejo, ¡atrévete!


«Ésta es la confianza que tenemos en Él: si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y puesto que sabemos que nos va a escuchar en todo lo que pidamos, sabemos que tenemos ya lo que hemos pedido» (1 Juan 5, 14-15).

Extraído de Catholic Link

Continuará,...

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