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DEVOCIÓN A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO

 



Rosario a la Preciosísima Sangre de Jesucristo


“Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado”.


1 Juan 1,7

Bendita sea su preciosísima sangre

La devoción a la preciosísima Sangre de Cristo viene de lejos, pero fue instituida por el Papa Pio IX y elevada a fiesta universal. Su fiesta estaba fijada para el 1 de julio y todo el mes siguiente giraba en torno a esta devoción, como el mes de junio ha estado referido al Sagrado Corazón de Jesús o el mes de mayo a la Virgen María.


Monseñor Demetrio Fernández – 02/07/23 


En las alabanzas al Santísimo Sacramento repetimos esta: «Bendita sea su preciosísima sangre», porque en la Eucaristía están contenidos el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Y cuando comulgamos recibimos a Jesucristo entero, su cuerpo y su sangre, entramos en comunión con él y junto con él con las otras personas divinas. La comunión eucarística es comunión con Dios, por medio del cuerpo y la sangre de Cristo.


La devoción a la preciosísima Sangre de Cristo viene de lejos, pero fue instituida por el Papa Pio IX y elevada a fiesta universal. Su fiesta estaba fijada para el 1 de julio y todo el mes siguiente giraba en torno a esta devoción, como el mes de junio ha estado referido al Sagrado

Corazón de Jesús o el mes de mayo a la Virgen María.


Se trata de la sangre preciosa de Cristo, que es el precio de nuestra redención: «Ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo» (1Pe 1,18-19). Una sola gota de esta sangre hubiera sido suficiente para redimir el mundo entero, como cantamos en el himno Adoro te devote. San Pablo nos recuerda: «Hsido comprados a buen precio. Por tanto, glorificad a Dios con vuestro cuerpo» (1Co 6,20).


San Juan Crisóstomo decía: «Esta Sangre, dignamente recibida, ahuyenta

los demonios, nos atrae a los ángeles y al mismo Señor de los ángeles... Esta Sangre derramada purifica el mundo... Es el precio del universo, con ella Cristo redime a la Iglesia... Semejante pensamiento tiene que frenar nuestras pasiones. Pues ¿hasta cuándo permaneceremos inertes? ¿Hasta cuándo dejaríamos de pensar en nuestra salvación? Consideremos los beneficios que el Señor se ha dignado concedernos, seamos agradecidos, glorifiquémosle no sólo con la fe, sino también con las obras».


En el lenguaje bíblico, la sangre es la linfa vital, es como el alma de la persona. De hecho todo el lenguaje sacrificial del Antiguo Testamento incluye la sangre como elemento esencial en la víctima que se ofrece y como ingrediente esencial para comunicar los dones de Dios. «Según la ley, casi todo se purifica con sangre, y sin efusión de sangre no hay perdón» (Hb 9,22). Jesucristo ha tomado este elemento de su naturaleza humana para expresar todo su amor de entrega sacrificial al Padre y de amor redentor hacia los hombres. El culto nuevo que él ha inaugurado y que consiste en la ofrenda de la propia vida incluye el derramamiento de su sangre preciosa en la Cruz.


Por las heridas de su cuerpo crucificado brota a borbotones la sangre preciosa. En tantas representaciones artísticas la sangre aparece con toda vivacidad como un amor que se desborda. Y, cuando ya estaba muerto, la lanza del soldado traspasó su costado y abrió su corazón, del que brotó sangre y agua.


Vivamos este mes de julio dedicado a la devoción de la preciosísima Sangre como una invitación a recibir esa sangre preciosa, que la muchedumbre pedía a gritos. «Todo el pueblo contestó: caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mt 27,25). No desperdiciemos este tesoro, esta abundancia de amor expresada en la sangre. La sangre del Hijo eterno hecho hombre, derramada para el perdón de nuestros pecados.


Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Extraído de Infocatólica 


ordendesanbenito.org/donations



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