La lepra o enfermedad de Hansen. La lepra tuvo repercusión en el año 1945 -2019
La lepra se ha vuelto endémica en Florida. Los casos han sido localizados justo en el centro de la Florida.
Ésta enfermedad se contrae por medio de las gotas nasales, bacterias en el suelo y animales, de ejemplo, el armadillo. Tranquilos que no es fácil de contagiarse, pero estemos alertas
-Orden de San Benito
ordendesanbenito.org/donations
La lepra es curable con terapia multidrogas (MDT) .
¿Dónde están la mayoría de los casos de lepra en los Estados Unidos?
Aunque la enfermedad aún es rara en los EE. UU., con sólo 159 casos informados en 2020, un estudio publicado el lunes por el EID y compartido por los CDC encontró que Florida Central representa la mayor parte de esos casos. -hace 3 horas
Extraído de Google
Jesús tocó al leproso y dijo: “… sé limpio” (Marcos 1:41).
Capítulo XXV
Cómo San Francisco curó milagrosamente de alma y cuerpo a un leproso
Sucedió una vez, en un lugar no lejos de aquel en que entonces se hallaba San Francisco, que los hermanos servían a los leprosos y enfermos de un hospital; y había allí un leproso tan impaciente, insoportable y altanero, que todos estaban persuadidos, como era en verdad, que estaba poseído del demonio, porque profería palabras groseras y maltrataba a quienes le servían, y, lo que era peor, blasfemaba tan brutalmente de Cristo bendito y de su madre santísima la Virgen María, que no se hallaba ninguno que quisiera y pudiera servirle. Y por más que los hermanos se esforzaban por sobrellevar con paciencia, por acrecentar el mérito de esta virtud, sus villanías e insultos, optaron por dejar abandonado al leproso, porque su conciencia no les permitía soportar las injurias contra Cristo y su madre. Pero no quisieron hacerlo sin haber informado antes a San Francisco, que se hallaba en un eremitorio próximo.
Cuando se lo hicieron saber, fue San Francisco a ver al leproso. Acercándose a él, le saludó diciendo:
-- Dios te dé la paz, hermano mío carísimo. -- Y ¿qué paz puedo yo esperar de Dios -respondió el leproso enfurecido-, si Él me ha quitado la paz y todo bien y me ha vuelto podrido y hediondo? -- Ten paciencia, hijo -le dijo San Francisco-; las enfermedades del cuerpo nos las da Dios en este mundo para salud del alma; son de gran mérito cuando se sobrellevan con paciencia.
-- Y ¿cómo puedo yo llevar con paciencia -respondió el leproso- este mal que me atormenta noche y día sin parar? Y no es sólo mi enfermedad lo que me atormenta, sino que todavía me hacen sufrir esos hermanos que tú me diste para que me sirvieran, y que no lo hacen como deben.
Entonces, San Francisco, conociendo por luz divina que el leproso estaba poseído del espíritu maligno, fue a ponerse en oración y oró devotamente por él. Terminada la oración, volvió y le dijo: -- Hijo, te voy a servir yo personalmente, ya que no estás contento de los otros.
-- Está bien -dijo el enfermo-; pero ¿qué me podrás hacer tú más que los otros?
-- Haré todo lo que tú quieras -respondió San Francisco. -- Quiero -dijo el leproso- que me laves todo de arriba abajo, porque despido tal hedor, que no puedo aguantarme yo mismo. San Francisco hizo en seguida calentar agua con muchas hierbas olorosas; luego desnudó al leproso y comenzó a lavarlo con sus propias manos, echándole agua un hermano. Y, por milagro divino, donde San Francisco tocaba con sus santas manos desaparecía la lepra y la carne quedaba perfectamente sana. Y según iba sanando el cuerpo, iba también curándose el alma; por lo que el leproso, al ver que empezaba a curarse, comenzó a sentir gran compunción de sus pecados y a llorar amarguísimamente; y así, a medida que se iba curando el cuerpo, limpiándose de la lepra por el lavado del agua, por dentro quedaba el alma limpia del pecado por la contrición y las lágrimas. Cuando se vio completamente sano de cuerpo y alma, manifestó humildemente su culpa y decía llorando en alta voz: -- ¡Ay de mí, que soy digno del infierno por las villanías e injurias que yo he hecho a los hermanos y por mis impaciencias y blasfemias contra Dios! Estuvo así quince días, llorando amargamente sus pecados y pidiendo misericordia a Dios, e hizo entera confesión con el sacerdote. -Extraído de Franciscanos


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