Cada 5 de septiembre la Iglesia universal celebra la fiesta de Santa Teresa de Calcuta, figura central del siglo XX -llegó a ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz-, y ejemplo preclaro de liderazgo femenino desde la Iglesia. Ella, impregnada de los valores del Evangelio, se convirtió en servidora de “los más pobres entre los pobres”, haciendo frente de manera efectiva a la indiferencia y el abandono que sufren los más débiles en el mundo moderno.
La Madre Teresa fue una inagotable defensora de la dignidad del pobre y de la vida humana en todos sus estadíos -desde la concepción hasta la muerte natural-, así como una trabajadora incansable por la paz entre los pueblos. Su mayor ambición no fue, ni remotamente, alcanzar premios o reconocimientos, sino compartir el amor de Cristo a través de la caridad y el sacrificio por los que sufren.
Extraído de aciprensa
Una rama contemplativa femenina de las Misioneras de la Caridad fue fundada por la Madre Teresa y por sor Nirmala el 25 de junio de 1976 en Brox, Nueva York. Las hermanas, unas cien, no son de estricta clausura, sino que, como decía su fundadora, son «contemplativas en el mundo». Si bien dedican gran parte de la jornada y en ocasiones de la noche a la oración, y a la adoración eucarística, ofrecen entre tres y cinco horas a la entrega a los más pobres entre los pobres.
Orden de San Benito Hialeah
ordendesanbenito.org/donations
"Me impresionaba la mirada directa, de curiosidad y de perplejidad de los jóvenes pasajeros sobre las monjas de la Madre Teresa y su Virgencita".
Y recordé cuando la Madre Teresa de Calcuta le preguntó a un joven seminarista: "¿Cuántas horas rezas todos los días?" El chico se sorprendió con semejante pregunta y respondió: "Madre, de usted esperaba un llamado a la caridad, una invitación a amar más a los pobres. ¿Por qué me pregunta cuántas horas rezo?".
Madre Teresa le tomó las manos y le estrechó entre las suyas casi para transmitirle lo que tenía en el corazón. Luego le confió: ′′Hijo mío, sin Dios somos demasiado pobres para ayudar a los pobres! Acuérdate: yo solo soy una pobre mujer orando; orando, Dios pone su Amor en mi corazón y así puedo amar a los pobres. Orando!".
Queridos jóvenes pasajeros, quien ha sentido lo que significa experimentar este amor aunque sea por un instante, sabe lo absurdo que es pensar que quieres evitarlo...
Extraído de Catholic




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