El sueño de la serpiente y el Rosario
“Para estimular a los jóvenes a amar el Rosario, también era alentado por sus sueños. Mencionamos uno. Lo tuvo en la víspera de la Asunción de 1862. Soñó que estaba en su aldea natal, hoy Colle Don Bosco, en casa de su hermano, con todos sus jóvenes. Y he aquí que se le presenta Uno (la Guía habitual de sus sueños) que lo invita a ir al prado contiguo al patio, y allí le muestra una serpiente pequeña de 7-8 metros de longitud, de un grosor extraordinario. Don Bosco se horroriza y quiere huir. Pero la Guía lo invita a no tener miedo y a quedarse. Luego va a buscar una cuerda, vuelve con Don Bosco y le dice:
- ‘Agarre este extremo de la cuerda y sosténgalo fuerte; yo tomaré el otro extremo y suspenderemos la cuerda sobre la serpiente’.
- ‘¿Y luego?’
- ‘Y luego la golpearemos en la espalda con ella’.
- ‘¡Ah! No, por favor. Sería un desastre si hacemos eso. La serpiente se volverá furiosa y nos despedazará’.
‘Pero la Guía insistió’, cuenta Don Bosco, ‘y me aseguró que la serpiente no me haría ningún daño, y tanto dijo que consentí en hacer lo que quisiera. Mientras tanto, levantó la cuerda y con esta le dio un azote en la espalda al reptil. La serpiente da un salto y voltea la cabeza hacia atrás para morder lo que la golpeó, pero queda atrapada como en una trampa de lazo’.
- ‘Agarre fuerte’, grita la Guía, ‘y no deje escapar la cuerda’.
Y corrió a atar el extremo de la cuerda que tenía en la mano a una pera cercana; luego ató el extremo de la cuerda que yo sostenía a la reja de una ventana de la casa. Mientras tanto, la serpiente se debatía furiosamente y daba tales golpes en el suelo con la cabeza y con sus enormes vueltas, que sus carnes se desgarraban y sus pedazos saltaban a gran distancia. Así continuó hasta que de ella solo quedó el esqueleto descarnado.
Muerta la serpiente, la Guía desató la cuerda del árbol y de la ventana, la recogió y la guardó en una caja. Después de un momento, la abrió. Con asombro mío y de los jóvenes que habían acudido, vimos que esa cuerda se había dispuesto de manera que formaba las palabras: ‘Ave María’.
La Guía explicó: ‘La serpiente representa al demonio y la cuerda representa el Ave María o más bien el Rosario, que es una continuación de Avemarías, con las cuales se pueden golpear, vencer y destruir todos los demonios del infierno’.
En este punto, a los ojos de Don Bosco se presentó una escena muy dolorosa: vio a jóvenes recogiendo trozos de carne de la serpiente, comiéndolos y quedando envenenados.
‘No podía tranquilizarme’, cuenta Don Bosco, ‘porque a pesar de mis advertencias, seguían comiendo. Yo gritaba a uno, gritaba a otro; daba bofetadas a este, puñetazos a aquel, tratando de evitar que comieran, pero inútilmente. Yo estaba fuera de mí mismo, cuando vi alrededor un gran número de jóvenes tendidos en el suelo en un estado miserable’.
Entonces Don Bosco se volvió hacia la Guía:
- ‘Pero ¿no hay remedio para tanto mal?’
- ‘Sí lo hay’.
- ‘¿Cuál sería?’
- ‘Nada más que el yunque y el martillo’.
- ‘¿Cómo? ¿Debo acaso ponerlos sobre el yunque y golpearlos con el martillo?’
- ‘Así es’, respondió la Guía, ‘el martillo significa la Confesión, el yunque la Comunión: hay que hacer uso de estos dos medios’”.
¡Recurramos a María en la lucha contra el demonio!
Oración a la Santísima Virgen para conocer la vocación, en la que se le pide a la Madre del Buen Consejo ayuda para saber qué camino tomar. A continuación, les compartimos la oración:
Vedme aquí a vuestros pies, ¡oh piadosísima Virgen!, para conseguir de Vos la importantísima gracia de conocer lo que debo hacer. No deseo otra cosa sino cumplir perfectamente la voluntad de vuestro divino Hijo, todo el tiempo de mi vida. iOh Madre del Buen Consejo!, hacedme oír vuestra voz, de suerte que aleje toda duda de mi mente. De Vos espero, pues sois la Madre de mi Salvador, que seáis también la madre de mi salvación; pues si Vos, ¡oh María!, no me enviáis un rayo del divino Sol, ¿qué luz me iluminará, quién me instruirá, si rehusáis hacerlo Vos, que sois Madre de la Sabiduría increada? Oíd, pues, mis humildes súplicas. No permitáis que me extravié; en mis dudas y vacilaciones, conducidme por el camino recto que guía a la vida eterna, Vos, que sois mi única esperanza, cuyas manos están llenas de tesoros de virtud y vida, y que derramáis frutos de honor y santidad.
Un padrenuestro, avemaría y gloria.
Extraído de aciprensa
De la Segunda Lectura de la carta a los Hebreos 2,14-18
Pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados.
ordendesanbenito.org/donations


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