Las hostias de la Misa.
Del latín, hostia 'víctima de un sacrificio'. Es el pan ázimo, redondo y delgado, destinado a la celebración Eucarística. Confeccionado con harina, se transubstancia en la eucaristía y es comulgado por el presidente y los fieles. En los primeros siglos se empleó en la eucaristía el pan cotidiano “de cada día”. A partir del siglo IX comenzó a usarse el pan ácimo. La hostia se llama también “forma”.
Las hostias son discos de pan ázimo, es decir, que en su elaboración no se ha utilizado levadura.
Normalmente, este pan eucarístico es fabricado de forma artesanal por los propios sacerdotes y monjas, aunque también existen panificadoras especializadas en su elaboración.
La receta de las hostias es muy sencilla: agua y una mezcla de harinas de diferentes variedades de trigo. Una de ellas, rica en gluten, es la que da a la Forma su textura acorchada.
La masa previamente extendida se calienta entre dos planchas a 170 ºC, para que el agua se evapore. De este modo, se obtienen láminas de pan seco y crujiente que son apiladas y humedecidas con agua. Luego, con un cortamasas especial se cortan las hostias propiamente dichas, que normalmente se dejan airear durante 5 o 6 días, antes de ser empaquetadas.
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