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NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA SEPTIEMBRE 8, 2024 🇨🇺


Natividad de la Santísima Virgen María.

Ir al enlace: https://www.youtube.com/live/dBJQeH4igVs?si=JDfxL1qrKbZKYybp


Santa Misa | Celebración en Honor a la Virgen de la Caridad


Alocución de Mons. Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba

Transmitido por CMKC, Emisora ​​Provincial de Santiago de Cuba

Programa Radial de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba

8 de septiembre de 2024, Fiesta de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre


“Señor ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. Juan 6, 68


(Música, Virgen del Cobre, Eva Griñán)


Hoy nos acompaña Mons. Dionisio García Ibáñez, arzobispo Santiago de Cuba.


Buenos días hermanos y hermanas, radioyentes de la emisora provincial CMKC. Hoy es un día especial, como todos los domingos nos acercamos a ustedes para comentar la Palabra de Dios, pero hay dos motivos en este año. El motivo de que hoy coincide el domingo con la fiesta de la Virgen de la Caridad y el otro motivo es que nuestra Arquidiócesis está celebrando los 500 años de su erección, de su existencia.

Son 500 años en que el Evangelio se ha predicado, 500 años en que la Catedral de Santiago de Cuba está aquí presente en nuestra ciudad, la primera Catedral de Cuba. Son 500 años de que un obispo reside acá en Santiago para proclamar el Reino de Dios, para predicarlo y para invitarnos a vivirlo, a ser buenos cristianos.

Como todos los domingos se va a leer el Evangelio y el padre Rafael Ángel, párroco de la catedral, lo va a comentar. Al final de su comentario él va a dejar una pregunta, nos la deja a todos nosotros, ¿por qué los cristianos católicos veneramos a la Virgen de la Caridad? Él da las razones, pero al final esa pregunta la deja para que cada uno de nosotros la conteste, ¿por qué yo venero a la Virgen María?

Pero yo quisiera entonces ahora, fijándonos en el día de hoy, que es el día de nuestra Patrona, hacer la pregunta. Sabemos que veneramos a la Virgen, pero la otra pregunta es por qué los cristianos veneramos a la Virgen de la Caridad, y por qué la tenemos por Patrona de Cuba.

Hace 500 años llegó la fe a nosotros, llegó la Palabra de Dios con el Evangelio, precisamente hemos recordado los 500 años de la Arquidiócesis. Pero sabemos, que 100 años después en el año 1612, unos habitantes del Cobre, trabajadores de la mina, un pequeño esclavo, ellos fueron a buscar sal a Nipe y encontraron una imagen. Ellos eran cristianos, ellos eran católicos, ellos veneraban a la Virgen, y desde que la vieron en el mar ellos enseguida la asociaron y dijeron es la Virgen María, y con devoción la cogieron.

De Nipe la llevaron a Barajagua, de Barajagua al Cobre donde ellos vivían y donde trabajaban, y desde ese momento la Virgen estaba en el Cobre. Por eso es que los cristianos, los católicos cubanos, le damos el título de la Virgen María que es Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, porque así quiso ella que le llamaran, con el nombre Caridad; y desde aquella época a la Virgen María, nosotros con cariño, le llamamos Caridad del Cobre

Pero no se queda ahí. Enseguida de todos los lugares, los pueblos que iban creciendo, fomentándose, los que venían de España, los que venían de África, los que estaban aquí, empezaron a venerar a la Virgen María, la Madre de Jesús con el título Nuestra Señora de la Caridad y acudieron en peregrinación al Cobre. Eso hizo que la Virgen con el tiempo, llegó a ser como un distintivo de lo particular nuestro de vivir en esta isla, de ser cubano, y eso fue acrecentándose con el tiempo. De tal manera que no solamente se quedó en una pequeña capilla al principio, sino después, le hicieron un Santuario allí en las minas del Cobre el poblado, poblado que ya era parroquia. Y ese Santuario, pues entonces continuó siendo el lugar de referencia para los cubanos que le tenían devoción a la Virgen.

Pero llegaron las Guerras de Independencia, y como la relación entre ser cubano, ser cristiano, ser católico y la Virgen fue acrecentándose, los cubanos enseguida sintieron que la Virgen de la Caridad, la Madre de Jesús, les acompañaba en aquellos momentos duros de definirnos como pueblo, y empezaron, la ingente tarea, la lucha de alcanzar la independencia.

Sabemos que los veteranos lo veneraban, sabemos que llevaban sus distintivos, sabemos que Carlos Manuel de Céspedes fue allá al Cobre al inicio de la de la lucha de independencia para presentarle las intenciones y pedir la protección de la Virgen; sabemos que, durante toda la lucha de independencia, los cristianos la sintieron muy cerca. Y al alcanzar la independencia, en agradecimiento, ellos le pidieron al Papa que la proclamara Patrona de Cuba, al Papa Benedicto XV. Y así se hizo, entonces se proclamó a la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba.

Con el tiempo aquel Santuario histórico, que la guardó durante mucho tiempo, a aquella pequeña imagen de la Virgen y delicada imagen de la Virgen, y frágil imagen de la Virgen, pero que tenía, era muy grande lo que significaba para nosotros ella; se le hizo un nuevo Santuario que es el que tenemos ahora y al que todos acudimos. Sembrado en aquel pueblo minero, entre los socavones de la mina, con la tierra que está levantada en la belleza de las montañas de Oriente, y ahí lo cubanos vamos. Y seguimos haciéndolo, y seguiremos haciéndolo, porque ahí está el corazón de los cubanos.

Y todo cubano cuando sale, enseguida se lleva la imagen aquella de que la Virgen se representa lo mejor para Cuba, siempre hemos creído que la Virgen es la que mejor nos lleva a conocer a Jesús. Por eso, hermano yo les invito a escuchar el evangelio, les invito a escuchar el padre Rafael Ángel, que él dará muchas, muchas más razones por las cuales nosotros debemos por cariño, por justicia, por verdad venerar a la Virgen de la Caridad.

Escuchemos el Evangelio.


(Evangelio según san Lucas 1, 39-56)

 

“En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entro en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.

Se llenó Isabel de Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre, dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitaran todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es Santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

Acordándose de la misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.”

 

Estamos celebrando la fiesta de Nuestra Madre y Patrona la Virgen María de la Caridad, cuyo Santuario y Basílica en El Cobre, es una de las riquezas de nuestra Arquidiócesis. Tenemos la responsabilidad de velar por la Virgen para toda la Iglesia cubana, como Ella vela por toda la Iglesia cubana. Esta fiesta de Nuestra Madre, nos invita a reflexionar sobre nuestra veneración a la Virgen.

Muchas veces a los cristianos católicos, se nos cuestiona la devoción o veneración a María la Virgen, por eso creo que sería bueno, que también nosotros nos hiciéramos la misma pregunta, y poder así contestar a los que nos interrogan desde nuestra propia reflexión. Tratemos.

Amamos y veneramos a la Virgen porque es la Madre de Jesús. Aquí podría asaltar otra pregunta, ¿la madre de Jesús o la Madre de Dios?, y para responderla tendríamos que hacernos una pregunta más, ¿quién es Jesús para los cristianos? Jesús es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Dios él mismo, Dios y Hombre verdadero. Verdadero hombre, pero también verdadero Dios, el Hijo de María, concebido por la gracia del Espíritu Santo (Lucas 1, 35); por eso los cristianos desde el Concilio de Éfeso en el ya lejano año de 431 dC, llamamos a María con toda propiedad, Madre de Dios, porque Jesús su Hijo es Dios, Dios verdadero.

Amamos y veneramos a María porque es la madre del hijo de Dios, Jesús el Cristo, y podemos consultar el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 466. Jesús el Hijo de Dios es nuestro amigo, Él también lo dice en el Evangelio de Juan, “desde ahora los llamaré amigos porque les di a conocer todo lo que oí a mi Padre” (Juan 15, 15), y qué amigo no agradece el amor y la delicadeza que podamos tener para con su madre. No hay nada más ofensivo para un buen hijo, que su madre sea menospreciada u ofendida, y quién puede negar que Jesús es el mejor de los hijos, y por lo tanto tiene que mirar con buenos ojos que amemos y veneremos a su Madre.

Cuando los cristianos católicos, no me gusta poner a apellido al nombre de cristiano y si lo hago es para que no se tenga la falsa idea de que los católicos pensamos que los únicos cristianos somos nosotros, veneramos a la Virgen, estamos dando cumplimiento a sus palabras en el canto del Magníficat. “Bienaventurada, me llamarán todas las generaciones” (Lucas 1, 48). Al llamar a María Inmaculada, la estamos llamando bienaventurada; al llamarla Reina y Madre, la estamos llamando bienaventurada; al darle a María un culto de veneración, la estamos llamando bienaventurada.

Veneramos a María, la Virgen, porque es nuestra Madre, y quién no venera a su madre. Es nuestra madre porque así lo quiso su hijo Jesús, nuestro Señor y Salvador, quien desde la cruz nos la entregó como tal en la persona de Juan, el apóstol (Juan 19, 25-27). Jesús quiso compartir con nosotros su cuerpo y su sangre (Mateo 14), y por eso nos dejó en la Última Cena, la Eucaristía. Quiso compartir con nosotros su condición de Hijo de Dios, y por eso nos hizo hijos y coherederos del reino de los cielos (1ra de Juan 3, 12) ¿Puede entonces extrañarnos que haya querido compartir con nosotros uno de sus tesoros más preciados, su Madre?

Cuando la primera iglesia se reunía en el Cenáculo, en Jerusalén después de la Ascensión del Señor al cielo, para esperar en oración que se cumpliera la promesa de enviarles el Espíritu Santo; allí sosteniéndolos, acompañándolos, estaba María, la Virgen (Hechos 1, 12-14). Desde entonces, ella no ha dejado de estar a nuestro lado, sosteniendo nuestra oración, ayudándonos a ser fieles a su Hijo Jesucristo, mostrándonos el camino de regreso cuando nos hemos apartado de Él. Ésa es su misión, ser puente a través del cual Cristo llegue a nosotros y nosotros lleguemos a Cristo, y no nos apartemos de su lado. También, por eso la amamos y la veneramos como el regalo más precioso.

Amamos, veneramos y damos culto a María la Virgen, uniéndolos a los millones de cristianos que la han amado, venerado y dado culto, desde los primeros tiempos de la Iglesia, y han encontrado en Ella, un ejemplo de fidelidad y entrega a la voluntad de Dios. María la mujer del “hágase mi según tu palabra” (Lucas 1, 38), la mujer del Calvario (Juan 19, 25), la mujer de Pentecostés (Hechos 1, 14).

Además de estas razones cada cristiano tiene las suyas propias, su propia experiencia de la presencia de la Virgen en su vida como un lazo que lo une fuertemente a Cristo. Quizás este sea el momento para que te preguntes, ¿cuáles son las tuyas? Y así cuando alguien cuestione tu amor y devoción a María, puedas responderle desde lo más profundo de tu corazón, amo y venero a la Virgen porque… es tu turno, pon tus palabras.

Que así el Señor nos lo conceda.


(Música, Virgen Pura, DR)


Hermanos despidámonos, elevando nuestra oración de súplica a la Virgen de la Caridad, que se reza en nuestras Iglesias, sobre todo, casi todos los domingos después de misa. En la cual nuestro pueblo cristiano, pues eleva, su súplica al Señor a través de María, pues para que nos dé mucha fe, esperanza y caridad, y el deseo de buscar siempre el bien entre todos los cubanos.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


“Señor Jesús, hoy venimos ante Ti, para agradecerte por estar siempre presente en medio de nosotros.

Gracias, porque te encontramos en el amor de los esposos fieles; de los padres y madres que están con sus hijos y los educan en la fe, la verdad y en la caridad; de los hijos que atienden con cariño a los ancianos de la casa; de quienes desde otras tierras ayudan a familiares y amigos; de los vecinos que se acompañan en penas y alegrías; de tantos que sirven desinteresadamente a sus prójimos.

Ayúdanos a sentir el consuelo y la fortaleza en estos tiempos tan difíciles.

Te presentamos a las madres que luchan por alimentar a sus hijos; a tantos que no se cansan de buscar medicinas para sus enfermos; a los familiares de los presos que sueñan con verlos regresar, algún día, sanos al hogar; a los trabajadores que intentan brindar a sus seres queridos una casa digna; a los que lloran la emigración de esposos, hijos, nietos, amigos; a los que sufren la violencia y el robo; a los que soportan tantas carencias materiales y espirituales.

Aumenta nuestra fe, para tomar conciencia de que para Ti nada es imposible.

Envía tu Espíritu Santo para que todos los cubanos, con las potencialidades que nuestro pueblo tiene, aprendamos a vivir en armonía, en un solo corazón y una sola alma, con diferentes maneras de pensar, y, juntos, encontrar soluciones que nos conduzcan a nacer en paz, a trabajar en paz, a comer en paz, a morir en paz.

Santísima Virgen de la Caridad, Madre de nuestro Señor Jesús, presenta a tu Hijo nuestras oraciones, y dinos como en Caná: “Hagan lo que Él les diga”. Madre de todos los cubanos, repítenos nuevamente: “No tengan miedo, ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?”.

¡Señor Jesús, el Buen Pastor, escúchanos! Amén”


Hermanos que pasemos un día bueno, un día viviéndolo junto a Dios, que todo lo que hagamos ese día sea el bien, sea caridad, sea amor para con los demás. Y para lograr todo lo que hemos pedido y estas intenciones vamos a impartir la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo,

El Señor esté con ustedes. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes, familiares, amigos, vecinos, sobre todo nuestro pueblo, y les acompañe siempre. Amén.


Me despido de ustedes, Monseñor Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba.

(Música, Virgencita Buena, Los Guanches)


Extraído de Arzobispado de Santiago de Cuba 


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