Camino de conversión.
El Rey David escribió varios salmos de lo tan arrepentido que estaba, exponemos unos cuantos:
Los salmos penitenciales:
Salmo 6
1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo de David.
2 Señor, no me reprendas por tu enojo ni me castigues por tu indignación.
3 Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas; sáname, porque mis huesos se estremecen.
4 Mi alma está atormentada, y tú, Señor, ¿hasta cuándo...?
5 Vuélvete, Señor, rescata mi vida, sálvame por tu misericordia,
6 porque en la Muerte nadie se acuerda de ti, ¿y quién podrá alabarte en el Abismo?
7 Estoy agotado de tanto gemir: cada noche empapo mi lecho con llanto, inundo de lágrimas mi cama.
8 Mis ojos están extenuados por el pesar y envejecidos a causa de la opresión.
9 Apártense de mí todos los malvados, porque el Señor ha oído mis sollozos.
10 El Señor ha escuchado mi súplica, el Señor ha aceptado mi plegaria.
11 ¡Que caiga sobre mis enemigos la confusión y el terror, y en un instante retrocedan avergonzados!
Salmo 32
1 De David. Poema. ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta!
2 ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez!
3 Mientras me quedé callado, mis huesos se consumían entre continuos lamentos,
4 porque de día y de noche tu mano pesaba sobre mí; mi savia se secaba por los ardores del verano.
5 Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: «Confesaré mis faltas al Señor». ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!
6 Por eso, que todos tus fieles te supliquen en el momento de la angustia; y cuando irrumpan las aguas caudalosas no llegarán hasta ellos.
7 Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría de la salvación.
8 Yo te instruiré, te enseñaré el camino que debes seguir; con los ojos puestos en ti, seré tu consejero.
9 No sean irracionales como el caballo y la mula, cuyo brío hay que contener con el bozal y el freno para poder acercarse.
10 ¡Cuántos son los tormentos del malvado! Pero el Señor cubrirá con su amor al que confía en él.
11 ¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón!


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