San Francisco de Asís
" El Poverello "🙏🌹 abrazó la Señora Pobreza y a la creación.
Pronto a convertirse aún más cuando en la iglesia de San Damián, escuchó a Cristo desde el crucifijo decirle: "Francisco, repara mi iglesia".
Una voz que desde el Interior siempre le decía: "Sirve al amo y no al siervo".
“Then, I say, Lady Poverty was there like a most welcome handmaiden with all her privations to enfold you more tightly than ever and to share the more feelingly in your torment.” –St. Francis of Assisi.
“Entonces, digo, la Señora Pobreza estaba allí como una doncella muy bienvenida con todas sus privaciones para abrazarte más fuerte que nunca y compartir con más sentimiento tu tormento.” –San Francisco de Asís
-OSB
Desvelando al verdadero San Francisco de Asís
San Francisco no fue ecologista
No al modo moderno, pues a amor a la Creación no hay quien le ganara. Pero en su Regla, escribe: «No debemos desear nada más, ni querer nada más, ni en nada más encontrar placer y deleite, si no en nuestro Creador, Redentor y Salvador, el único Dios verdadero, que es el sumo bien, y todo bien, y el único que es bueno».
«Y si él mismo pareció dejarse llevar por el más tierno amor hacia las creaturas, y «por más pequeñas que fueran» las llamaba «con el nombre de hermano y hermana» -amor que, por lo demás, si no se sale del debido orden no está prohibido por ninguna ley-, era movido a amarlas tan sólo por el amor de Dios, porque «sabía que todas ellas tenían con él un mismo principio», y porque veía en ellas la bondad de Dios » escribió Pío XI en Rite expiatis, 19. Y concluye el Papa : «El que fue heraldo de tan gran Rey, quiere a los hombres conformes con la vida evangélica y con el amor a la Cruz, y no sólo amantes y enamorados de las flores, las aves, los corderos, los peces, y las liebres».
Como escribiera B. Tomasso de Celano, su amor a la naturaleza era para «alabar en todo al Artífice divino, refiriendo al Creador todo aquello que admiraba en las criaturas […]. En la belleza de la Creación veía un reflejo de la suma Belleza celestial».
Y en su Cántico de las criaturas no encontramos ni rastro de veneración idolátrica a la “madre naturaleza", sino que Francisco reafirma la bondad intrínseca de las realidades terrenales en tanto obras de Dios; “teofanías” que manifiestan la bondad divina y permiten al hombre contemplar, en la belleza creada, la Belleza increada.
San Francisco no era vegetariano
Al contrario, tal y como numerosos episodios testimonian. Como cuando San Francisco invitó a sus discípulos a que comieran la carne que habían recibido como limosna, exclamando con alegría: “¡Como dice el Evangelio, comamos libremente la comida que recibimos!“.
El Santo gustaba de celebrar las Navidades con un almuerzo a base de carne y decía: «Cuando es Navidad, ¡no hay abstinencia que valga! Y si las paredes pudieran comer carne, ¡habría que dársela también a ellas!»
San Francisco no era revolucionario
Ya desde el inicio, Francisco ve su misión más bien como una restauración: no en vano el encargo del mismo Cristo había sido aquel “restaura mi casa”.
Francisco nunca animó a los pobres a rebelarse. A diferencia de los pauperistas, no estaba obsesionado con el problema de la pobreza económica, sino con el de la pobreza espiritual, tanto que a menudo repetía que hay que preocuparse no por las condiciones terrenas, sino por el destino en el otro mundo: “Hay que desear no tanto la salvación del cuerpo como la de las almas“.
Francisco no predicó ningún tipo de lucha de clases, sino que siempre trató de promover la concordia y armonía entre señores y súbditos. En su Asís natal se recuerda aún al Santo con gratitud también porque reconcilió las clases superiores e inferiores de la ciudad en el acto que tuvo lugar en noviembre de 1210 en el gran salón del Ayuntamiento.
En cuanto a un presunto compromiso político de San Francisco, hay que recordar que prohibió a sus frailes cualquier injerencia en asuntos estrictamente sociales o económicos: “¡Que los frailes no se inmiscuyan en cuestiones temporales!“. Si necesitásemos alguna prueba de su carácter no revolucionario bastaría recordar esta admonición suya: “No es lícito tomar las cosas de otros o distribuir a los necesitados la propiedad de otros“.
Lo decíamos al principio, el verdadero San Francisco no ha perdido ni un ápice de actualidad.
Extraído de InfoCatolica
ordendesanbenito.org/donations

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