El rezo "Te Deum" el último día del Año para obtener la indulgencia plenaria que ofrece nuestra iglesia católica.
Desde comer doce uvas, una por cada campanada del reloj a medianoche, hasta usar ropa interior amarilla y salir a recorrer la cuadra con maletas vacías, las supersticiones de Año Nuevo se han extendido y normalizado peligrosamente en toda Hispanoamérica. Ante esta realidad, no son pocas las personas que se preguntan: ¿Puede un católico creer en éstas cosas?
La Iglesia enseña que todo tipo de superstición es contraria a la fe. El numeral 2110 del Catecismo de la Iglesia Católica prohíbe estas prácticas, por considerarlas “una perversión, por exceso, de la religión”. La superstición —y todo lo que de ella deriva— nos aleja del culto a Dios porque se le atribuye una importancia ilusoria. Ya que radica en esperar “la salvación de una fuerza que no viene de Dios”.
La superstición es pecado, incluso si se practica como “una especie de broma”, porque pone de manifiesto que no se está dispuesto a darle a Dios el lugar que merece en cada corazón y porque además es una imprudencia, “porque estoy animando a otros con mi comportamiento”.
“El único ser que realmente conoce el futuro es Dios"
“Debemos comprender que el único que conoce el futuro es el creador de todo el tiempo y el espacio, que es Dios. Las criaturas sólo pueden conjeturar cosas que sucederán, como un viejo sabio predijo el mañana por su experiencia práctica y empírica, pero la certeza sólo la tiene el Creador”, dijo P. Jorge Obregón.
El P. Obregón explicó también que un católico es alguien que confía plenamente en Dios, porque “quien pone su confianza en Dios no puede ser defraudado”. Y recordó la frase de San Pablo: “Si Dios conmigo, quién contra mí” (Rom 8, 31).
Hay maneras de recibir el Año Nuevo acordes a la piedad católica, como la indulgencia plenaria que la Iglesia ofrece a todo aquél que rece un Te Deum el último día del año.
Extraído de aciprensa
Te Deum
A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos,
los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del universo.
Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza
el glorioso coro de los Apóstoles,
la multitud admirable de los Profetas,
el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa,
extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que un día
has de venir como juez.
Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice tu heredad.
Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.
* La iglesia católica ofrece la Indulgencia Plenaria: rezar un "Te Deum" el último día del año.
1ro de Enero Día de la "Solemnidad de Santa María, Madre de Dios."
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