“El elefante rosa y la lección de Santo Tomás”
Se cuenta que, todavía de novicio, Santo Tomás de Aquino fue víctima de una travesura de sus compañeros. Por su carácter sencillo y confiado, le dijeron que desde la torre más alta del convento podía verse un elefante rosa volando. A pesar de ser corpulento y de que la escalada le resultaba difícil, Tomás no dudó en subir, con la esperanza de contemplar aquel prodigio. Al no encontrar rastro alguno del elefante, bajó para ser recibido por las carcajadas de sus compañeros. Entonces le preguntaron: “¿por qué nos has creído?” A lo que él respondió con serenidad: “me era más fácil creer en elefantes rosas volando que en hermanos dominicos mintiendo”.
En esta pequeña anécdota, con sabor a florecilla, quizá nos sorprenda la ingenuidad de Santo Tomás, pero en realidad les dio a sus hermanos una lección profunda. Su respuesta muestra que su confianza en la honestidad y la sinceridad de quienes le rodeaban era más fuerte que cualquier fantasía imposible. Nos enseña que burlarse de otros o mentir no es un juego inocente: rompe la confianza, hiere la fraternidad y deja cicatrices invisibles. Hoy, esta anécdota nos invita a valorar la honestidad, a cultivar la confianza y a ser conscientes de que nuestras palabras y actos pueden fortalecer la fraternidad o, por el contrario, dañarla. También nos recuerda que la verdadera grandeza no está en ser desconfiado o escéptico, sino en tener la valentía de creer en la bondad y la verdad de los demás.
Ecos Teresianos
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