Adoración Eucarística en Monasterio Benedictino.
No existe instante más santo, más profundo ni más bello que el de la Transubstanciación.
En ese momento sagrado, el cielo se inclina hacia la tierra y Dios se entrega por amor, en silencio y humildad.
Es ahí donde el Corazón de Dios se abre por completo, donde su ternura se hace Pan y su amor se hace Presencia.
Nada es más solemne ni más grande en el universo: el Creador permanece con su criatura, escondido en lo pequeño, revelando la inmensidad de su misericordia.
Ese instante supera al firmamento entero, porque Dios no solo reina en el cielo… Dios se queda con nosotros.
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