El mensaje de Lourdes
Todos somos dignos ante Dios. Porque cada uno es amado por Dios. La tercera palabra de la Virgen: “No le prometo hacerle feliz en éste mundo, sino en el otro”.
BERNADETTE: EL ÚLTIMO MISTERIO DE LOURDES, ÉSE CUERPO INTACTO OLVIDADO POR LOS FIELES
Al entrar al patio del Convento de San Gilard, casa matriz de las Hermanas de la Caridad, se accede a la iglesia por una pequeña puerta lateral. La perenne penumbra de esta arquitectura neogótica del siglo XIX se rompe con las luces que iluminan un artístico ataúd de cristal. El pequeño cuerpo (1,42 metros) de una monja parece dormir con las manos entrelazadas alrededor de un rosario y la cabeza inclinada hacia la izquierda.
Estos son los restos, intactos 141 años después de su muerte, de santa Bernadette Soubirous, la mujer sobre cuyos humildes hombros, una enferma crónica, descansa el peso del santuario más frecuentado del mundo. De hecho, solo ella vio, escuchó y relató lo poco que Aquerò ('Esa', en el dialecto bigorrano) le dijo, testificando con su incesante sufrimiento la verdad de lo que le habían dicho: «No te prometo felicidad en esta vida, sino en la otra».
Franco Mario -facebook
Salmo 105, 3-4. 35-36. 37 y 40
R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo
Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo,
visítame con tu salvación. R/.
Emparentaron con los gentiles,
imitaron sus costumbres;
adoraron sus ídolos
y cayeron en sus lazos. R/.
Inmolaron a los demonios sus hijos y sus hijas.
La ira del Señor se encendió contra su pueblo,
y aborreció su heredad. R/.
Evangelio del Jueves
Evangelio del día
San Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
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