¿Qué pasa si se acaba la Hostia y el sacerdote hace algo inesperado?
¿Lo has visto alguna vez en Misa y te pareció extraño? Estás listo para comulgar y de pronto el sacerdote se queda sin hostias… entonces hace algo distinto: toma una hostia consagrada, la moja en el cáliz y te la entrega.
La pregunta surge de inmediato: ¿es válido? ¿Qué está pasando ahí? Vamos por partes.
No hay nada indebido ni irregular en que se terminen las formas consagradas. La Eucaristía no se calcula con exactitud matemática: el sacerdote consagra una cantidad prudente y humana. Cuando las hostias se terminan, no puede simplemente consagrar más en ese momento, porque la consagración pertenece a una parte muy específica de la Misa.
Entonces, ¿qué opciones tiene la Iglesia?
Traer formas consagradas del Sagrario, si las hay disponibles.
Comunión espiritual, cuando algunas personas no pueden comulgar sacramentalmente. Esta es real, valiosa y plenamente cristiana.
La intinción, una opción menos conocida pero completamente válida.
¿Qué es la intinción?
El sacerdote consagra el vino, que ya es la Sangre de Cristo. Luego toma una hostia no consagrada, la moja en el cáliz y la entrega al fiel. La hostia no se convierte en el Cuerpo de Cristo, pero sirve como medio para recibir la Sangre de Cristo.
Por eso, en lugar de decir “El Cuerpo de Cristo”, el sacerdote pronuncia “La Sangre de Cristo”. Y el fiel comulga verdaderamente, porque recibe a Cristo entero en su Sangre.
¿Por qué se hace así?
Para evitar derramar la Sangre de Cristo, algo que puede suceder cuando se distribuye el cáliz a muchas personas.
Para facilitar la comunión, sin necesidad de que cada fiel beba directamente del cáliz.
No es un atajo ni una improvisación: es un gesto de cuidado y reverencia hacia el sacramento.
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Espero tu respuesta.
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