“¡Exulte el cielo y la tierra se llene de alegría!”
Así canta la Iglesia en esta noche santa, donde la luz de Cristo vence toda oscuridad.
Para la vida consagrada, este anuncio no es solo memoria, sino llamado vivo: ser luz en medio del mundo, como el cirio pascual que arde sin consumirse. Cada religiosa, cada consagrado, está llamado a reflejar esa luz que no se apaga, incluso en medio del cansancio, la entrega escondida y el silencio del servicio.
El Pregón nos recuerda que esta es la noche en que todo cambia: la muerte es vencida y la esperanza renace. También en nuestra vida consagrada, Cristo resucitado renueva el sentido de nuestra entrega, recordándonos que nada de lo que se ofrece por amor se pierde.
“¡Oh feliz culpa que mereció tal Redentor!”
En nuestras fragilidades, límites y luchas, se manifiesta la gracia. La vida consagrada no es perfección, sino fidelidad confiada en Aquel que nos llamó.
Que en esta Pascua, el fuego nuevo encienda nuevamente nuestro “sí”,
que la luz de Cristo ilumine nuestra misión,
y que, como verdaderas siervas y siervos,
seamos testigos de la alegría de la Resurrección en cada gesto cotidiano.
Cristo vive… y nos llama a vivir para Él.
- OSB
La Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección celebran el mismo misterio: el triunfo de Jesucristo y la feliz conclusión de su Pasión, cuando la alegría de la Resurrección vence al dolor y nos trae la redención del pecado. En ambos casos, la Iglesia contempla el paso de la muerte a la vida y renueva su fe en Cristo vivo.
El P. Donato Jiménez, miembro y colaborador de la Enciclopedia Católica, explica que, aunque la liturgia del Domingo de Resurrección es prácticamente igual a la de la Vigilia Pascual, esta se celebra de noche y muchos fieles no pueden asistir, por lo que el domingo se ofrece la Eucaristía pascual para toda la comunidad.
En la Vigilia Pascual se vive una liturgia más extensa y solemne: se bendice el fuego nuevo, se proclaman las siete lecturas que recorren la historia de la salvación y se entona el Aleluya pascual, participando del júbilo por la Resurrección de Jesucristo de un modo especialmente intenso. El Domingo de Resurrección, en cambio, se celebra la Misa con el mismo gozo, pero en el marco habitual de la Misa dominical.
La Pascua de Resurrección no se reduce a un solo día: se prolonga durante 50 días hasta la fiesta de Pentecostés, vividos como la “cincuentena pascual”. Cada jornada es celebrada con el mismo gozo, como si fuera la prolongación de un único gran día, en el que la Iglesia se mantiene de pie, contemplando la alegría de Cristo resucitado y compartiéndola con el mundo.
Extraído de aciprensa
Resurrección en cada gesto cotidiano.
Cristo vive… y nos llama a vivir para Él.
ordendesanbenito.org/donations




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