Las 7 Últimas Palabras que Jesús Dijo en la Cruz.
1 • Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. Lucas 23, 34
2 • Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23, 43
3 • Mujer, ahí tienes a tu hijo, Ahí tienes a tu madre. Juan 19, 26-27
4 • Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? Mateo 27, 46; Mc, 15, 34
5 • Tengo sed Juan 19, 28
6 • Todo está cumplido Juan 19, 30
7 • Padre en tus manos encomiendo mi espíritu Lucas 23, 46
𝗖𝗔𝗠𝗜𝗡𝗢 𝗔𝗟 𝗖𝗔𝗟𝗩𝗔𝗥𝗜𝗢
✍️ 𝗔𝗹𝗶𝘂𝘀𝗸𝗮 𝗟𝗮𝘇𝗼 𝗛𝗲𝗿𝗻á𝗻𝗱𝗲𝘇
Desde que inicia el tiempo de Cuaresma, con el Miércoles de Ceniza, emprendemos el camino por el desierto junto a Jesús. En este tiempo debemos acercarnos más a Él para buscar la conversión de nuestros corazones e intentar imitarlo, llegado el momento, en el camino al Calvario. Debemos aceptar, como Él lo hizo, nuestras cruces con amor y pasión.
Esa ruta al Calvario hoy es todo lo que va aconteciendo en nuestro país y nos afecta tanto espiritual como materialmente. Cada día que transcurre se va recrudeciendo más la situación para poder vivir dignamente como seres humanos creados por Dios. Podemos sentir cómo vamos recibiendo a diario nuestras propias cruces; que, aunque no sean de madera, sí son de sufrimientos, enfermedades, incomprensiones, cansancio, inseguridades, desalientos, opresión, etc.
Ante tanta pobreza existente, tanto material como espiritual, nos sentimos abatidos y nos cuesta ver con los ojos de Jesús. Llegamos a interrogarnos sobre el sentido del dolor y su validez en la vida humana, sin tener en cuenta que, para crecer como personas, muchas veces necesitamos momentos de rupturas dolorosas que son indispensables para nuestro desarrollo.
Muchas veces huimos de los problemas y no nos comprometemos con los valores más comunes de la vida humana. De esta manera, seguimos permitiendo que el mal prospere y que la injusticia triunfe; no tenemos el valor de afrontar cristianamente la situación.
De nada sirve lamentarnos por los sufrimientos de los demás y los nuestros si no somos capaces de enfrentarlos. Debemos asumirlos y ayudarnos mutuamente para superar los malos momentos, para que lleguen la alegría y el consuelo a todo aquel que lo necesite. No debemos mostrarnos indiferentes ni escondernos en nuestros propios sufrimientos; más bien, comprometámonos como familia en Cristo Jesús y tendamos una mano al prójimo, a todo aquel que lo necesite. Recordemos que lo que hacemos al hermano se lo hacemos a Dios mismo.
Muchas veces podemos caer, como cayó Jesús, pero igual podemos levantarnos si confiamos en que Él nos ayuda con nuestras cruces, como Simón de Cirene lo ayudó a Él en su camino al Calvario. Jesús no pidió compasión por Él; se sometió a los sufrimientos, aceptó el dolor por nosotros y nos amó para enseñarnos que, por la cruz y el dolor, se llega a la resurrección.
Si no aceptamos nuestras cruces de cada día con amor y entrega, si no caminamos al Calvario juntos como pueblo necesitado de arrepentimiento, de conversión, de perdón, no llegaremos a lo que nos pide Jesús: que muramos cada día a nuestros pecados y resucitemos con Él.
Abracemos nuestra cruz, como abrazó Jesús la suya para redimirnos.
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