HISTORIA:
El 11 de junio de 2000, fiesta de Pentecostés, mientras se celebraba la Santa Misa en la iglesia «Madre de la Eucaristía», se dice que ocurrió un extraordinario acontecimiento eucarístico.
Tras pronunciarse las palabras de consagración sobre el pan, apareció sangre en la Hostia consagrada. Claudio Gatti relató que permaneció inmóvil, profundamente asombrado, mientras observaba cómo la sangre se extendía por gran parte de la superficie de la Hostia. Los presentes se preocuparon al ver que su rostro palidecía y se enrojecía alternativamente.
Cuando recuperó la compostura, elevó lentamente la Hostia, y los fieles presentes se conmovieron profundamente, manteniendo una atmósfera de oración, silencio y reverencia. Posteriormente, observó dos Hostias grandes adicionales sobre la patena, que, según se cuenta, habían sido rescatadas de la profanación.
Tras la consagración del vino, se mostraron las Hostias a los asistentes a la Misa para que presenciaran el evento de cerca y percibieran la fragancia que, según se decía, emanaba de la Hostia manchada de sangre. Durante la fracción del pan, los testigos relataron que la sangre seguía fluyendo.
Según Claudio Gatti, al consumir la Hostia según las normas litúrgicas, experimentó dulzura, calor y una fragancia intensa. Describió este acontecimiento como la confirmación divina de fenómenos eucarísticos previos relacionados con su comunidad.
Comparó la experiencia con el relato evangélico de la sangre y el agua que brotaron del costado de Cristo, citando Juan 19:35: «El que lo vio da testimonio; su testimonio es verdadero… para que también vosotros creáis».
Extraído de ChurchPop
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