Pentecostés da conclusión al Tiempo de Pascua, lo cual conduce al Tiempo Ordinario. Es considerado el nacimiento de la Iglesia, porque fue en este día, que el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles y los llenó con los dones que necesitaban para guiar la Iglesia. Este evento se llevó a cabo 10 días después de que Jesús ascendió al cielo y prometió enviar al Protector. Este año, el Domingo de Pentecostés se celebra el 24 de mayo.
De acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica, el Pentecostés instituyó el “tiempo de la Iglesia, durante el cual Cristo manifiesta, hace presente y comunica su obra de salvación mediante la Liturgia de su Iglesia, ‘hasta que él venga’. Durante este tiempo de la Iglesia, Cristo vive y actúa en su Iglesia y con ella ya de una manera nueva, la propia de este tiempo nuevo. Actúa por los sacramentos; esto es lo que la Tradición común de Oriente y Occidente llama ‘la Economía sacramental’; esta consiste en la comunicación (o ‘dispensación’) de los frutos del Misterio pascual de Cristo en la celebración de la liturgia ‘sacramental’ de la Iglesia.” (Núm. 1076)
Extraído de dolr
(DioceseThe Little Rock)
La Sagrada Escritura muestra que el Espíritu Santo concedió dones que transformaron a los discípulos y los impulsaron a la misión. Estos dones, presentes también hoy, sostienen la vida cristiana y fortalecen el camino hacia la santidad en medio de los desafíos cotidianos.
Como explica Mons. José Ignacio Munilla, los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes que nos hacen dóciles a su acción. No dependen solo del esfuerzo humano: son gracia de Dios que eleva el alma y la conduce con mayor plenitud hacia la vida moral y espiritual.
Consejo:
Nos ayuda a discernir entre el bien y el mal.
Sabiduría:
Nos permite ver el mundo desde la perspectiva de Dios.
Piedad:
Nos impulsa a amar a Dios y a obedecer sus mandamientos por amor.
Fortaleza:
Nos ayuda a superar las dificultades con fe.
Ciencia:
Nos permite descubrir la voluntad de Dios en todas las cosas.
Entendimiento:
Nos ayuda a comprender con mayor claridad los misterios de la fe.
Temor de Dios:
Nos mueve a huir del pecado y a elegir agradar a Dios.
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