VEN, ESPÍRITU DIVINO
Ven Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido.
Luz que penetras las almas,
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo.
Tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego.
Gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del alma
si tú le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo.
Lava las manchas.
Infunde calor de vida en el hielo.
Doma el espíritu indómito.
Guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito.
Salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
"El agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua viva, que brota hacia la vida eterna. Se trata de un nuevo tipo de agua, un agua viva y saltarina, que brota para aquellos que son dignos. Pero, ¿por qué Cristo llamó «agua» a la gracia del Espíritu? Porque todas las cosas dependen del agua; las plantas y los animales tienen su origen en el agua. El agua desciende del cielo en forma de lluvia y, aunque es siempre la misma en sí misma, produce muchos efectos diferentes: uno en la palmera, otro en la vid, y así sucesivamente en toda la creación. No desciende, unas veces como una cosa y otras como otra, sino que, aunque permanece esencialmente igual, se adapta a las necesidades de cada criatura que la recibe". - San Cirilo de Jerusalén
ordendesanbenito.org/donations
Nota: San Cirilo de Jerusalén obispo y doctor de la iglesia















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