El capuchino tiene una conexión católica.
Italia ha adoptado esta bebida con tal entusiasmo que ahora todo el mundo pide su espresso y cappuccino en italiano.
El capuchino en sí mismo conlleva una memoria católica, ya que recibe su nombre del hábito marrón de los frailes capuchinos y, según la tradición, está vinculado a Marco d'Aviano, el predicador a quien se le atribuye la movilización de las fuerzas cristianas para levantar el asedio otomano de Viena en 1683, y a quien la leyenda también atribuye el pastel en forma de media luna nacido de esa liberación, el croissant.
Así, el café se abrió paso en la mesa cristiana, junto a vinos selectos y licores monásticos. Como reflexiona el P. Naironi, es uno de esos descubrimientos a través de los cuales “el maravilloso Dios, ardiente de amor supremo por nosotros”, revela su cuidado.
En manos de este erudito maronita, el humilde grano se convirtió no sólo en una bebida, sino en un testimonio de la divina Providencia.
Extraído de aciprensa
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