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ROGAD, PUES, AL SEÑOR DE LA MIES QUE MANDE TRABAJADORES



Salmo 113 B, 3-4. 5-6. 7ab-8. 9-10 


R/. Israel confía en el Señor

Nuestro Dios está en el cielo,

lo que quiere lo hace.

Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,

hechura de manos humanas. R/.


Tienen boca, y no hablan;

tienen ojos, y no ven;

tienen orejas, y no oyen;

tienen nariz, y no huelen. R/.


Tienen manos, y no tocan;

tienen pies, y no andan.

Que sean igual los que los hacen,

cuantos confían en ellos. R/.


Israel confía en el Señor:

él es su auxilio y su escudo.

La casa de Aarón confía en el Señor:

él es su auxilio y su escudo. R/.


«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».


Evangelio del día

San Mateo 9, 32-38

En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada:

«Nunca se ha visto en Israel cosa igual».


En cambio, los fariseos decían:

«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».


Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.


Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».


Entonces dice a sus discípulos:

«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».


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