EL ASESINO DE SANTA MARÍA GORETTI LLORÓ EN SU CANONIZACIÓN: ELLA LO HABÍA PERDONADO ANTES DE MORIR
Parecía imposible.
Una niña de apenas 11 años asesinada brutalmente. Un joven consumido por la violencia y el pecado. Una familia destrozada. Y, décadas después, una escena que nadie habría imaginado: el hombre que le quitó la vida estaba presente el día en que la Iglesia proclamó santa a su víctima.
La historia de santa María Goretti es mucho más que el relato de una mártir. Es una de las historias de perdón y redención más conmovedoras del cristianismo.
María nació en 1890 en una humilde familia campesina de Italia. Era una niña alegre, profundamente creyente y de gran madurez espiritual. Después de la muerte de su padre, ayudaba a su madre a cuidar de sus hermanos menores mientras la familia luchaba contra la pobreza.
Pero el 5 de julio de 1902, su vida cambió para siempre.
Alessandro Serenelli, un joven de veinte años que vivía en la misma finca, la había acosado durante meses. Ese día intentó abusar de ella. María se resistió y le gritó:
—¡No hagas eso, es pecado! ¡Irás al infierno!
Furioso, Alessandro la apuñaló catorce veces.
La pequeña fue trasladada al hospital de Nettuno. Los médicos sabían que no sobreviviría.
Y entonces ocurrió algo extraordinario.
El sacerdote le preguntó si perdonaba a quien la había atacado.
La respuesta de María quedó grabada para siempre en la historia de la Iglesia: “Sí, lo perdono por amor a Jesús… y quiero que él también esté conmigo en el paraíso”.
Horas después, murió sosteniendo un crucifijo.
Alessandro fue condenado a treinta años de prisión. Al principio no mostró arrepentimiento. Incluso llegó a pensar en quitarse la vida. Pero años más tarde tuvo un sueño que cambió su existencia.
Vio a María vestida de blanco en un jardín. La niña le entregaba catorce lirios, uno por cada puñalada. Cada flor se transformaba en una llama blanca.
Aquella visión lo quebró por dentro.
Comenzó entonces un largo camino de conversión, penitencia y fe.
Cuando recuperó la libertad, pidió perdón de rodillas a Assunta, la madre de María.
La respuesta de aquella mujer conmovió a Italia entera: “Si María te perdonó, ¿cómo no voy a perdonarte yo?”.
Esa misma Navidad, ambos comulgaron juntos.
Más tarde, Alessandro ingresó en la Tercera Orden Franciscana y pasó décadas viviendo en un convento de los padres capuchinos en Macerata, donde trabajó como jardinero y portero. Allí llevó una vida de oración, penitencia y profundo arrepentimiento.
Incluso colaboró en la causa de beatificación de María y declaró: “Ella es una santa. Toda la culpa fue mía. Debo hacer todo lo posible para su glorificación”.
Y llegó el día que parecía imposible.
El 24 de junio de 1950, en una Plaza de San Pedro repleta con unas 250.000 personas, el Papa Pío XII canonizó a Santa María Goretti.
Entre la multitud estaba Assunta Goretti, la primera madre de la historia en asistir a la canonización de su propia hija.
Y también estaba Alessandro Serenelli.
El asesino.
El hombre que había destruido una vida.
El hombre que había sido transformado por el perdón de una niña.
Dicen que lloró durante la ceremonia.
Porque comprendió algo que el mundo todavía tiene dificultades para entender: el perdón no cambia el pasado… pero puede salvar un alma y abrir las puertas de una vida nueva.
Por eso, la historia de Santa María Goretti no es solo la de una niña que llegó al cielo.
Es también la historia de una santa que, con su perdón, ayudó a llevar hasta Dios al hombre que la había matado.
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Extraído de Canal Vida
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