La U.S. Ruta 50 es la carretera más solitaria en Nevada.
La carretera 50 tiene 3,073 miles desde Maryland a California. El estrecho más aislado es de 287 millas.
Lucas 4:1-2 dice:
«1 Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, 2 durante cuarenta días, tentado por el diablo.
No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre»
Aquí en éste lugar vamos a encontrarnos con Dios, donde estaremos tentados por las pruebas que se nos presentan al pendiente de las batallas espirituales.
Estando varados en éste sitio hostil nos daríamos cuenta lo vulnerables que somos, tan frágiles en éste paraje desértico que los miedos arrebatan las ganas de vivir; los vacíos espirituales. El paso de la purificación a el estado de gracia. Qué prueba de purificación por la que pasamos sin perder la fe!.
Hasta los pecadores más empedernidos los ama el Señor por su infinita misericordia somos salvos. - OSB
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Desierto, lugar de purificación y de encuentro con el Señor
Pero también el desierto es el lugar de la tentación.
Los padres del desierto que inspiraron a San Benito en su vida monástica
Si alguna vez has disfrutado de la paz de un retiro en un monasterio, rezado la Liturgia de las Horas o valorado el legado intelectual de una escuela benedictina, entonces ya has probado el fruto de una antigua revolución espiritual.
Pero ¿dónde comenzó el monacato occidental? ¿Con San Benito de Nursia? Más o menos. Como la mayoría de tradiciones en la Iglesia Católica, su origen se remonta aún más atrás. Muchísimo más atrás.
Todo comenzó en el desierto
Antes de los hábitos, los cantos y los claustros de piedra, hubo cuevas, silencio y el ardiente sol de Egipto. El monacato nació en Oriente, en los siglos III y IV, cuando hombres y mujeres como San Antonio el Grande y Santa Macrina huyeron al desierto, no para escapar del mundo, sino para luchar por él mediante la oración, la ascesis y el combate espiritual.
Éste movimiento del desierto no era extraño ni escapista. Era profundamente profético. Mientras el Imperio Romano se desmoronaba, estos guerreros espirituales se convirtieron en la nueva columna vertebral de la civilización cristiana.
Oriente se encuentra con Occidente
Entonces, ¿cómo llegó este fuego del desierto hasta las colinas italianas?
Aquí entra San Benito (480 – 547), un joven nacido en el privilegio en medio del colapso del imperio. Enviado a estudiar a Roma, Benito quedó desilusionado con la decadencia de la ciudad. Lo dejó todo atrás y se retiró a una cueva en Subiaco (Italia)—solo, ayunando y orando. ¿Te suena familiar? Había escuchado las historias de los Padres del Desierto de Oriente y se inspiró a imitar su entrega radical a Cristo.
El espíritu del Oriente encontró un hogar en Occidente.
De la soledad a la estructura
Pero Benito no estaba destinado a permanecer oculto para siempre. Con el tiempo, llegaron discípulos, atraídos por su santidad. Lo que surgió no fue una copia del monacato oriental, sino una expresión profundamente occidental del mismo. Mientras Oriente enfatizaba la espontaneidad y la paternidad espiritual individual, Benito aportó estructura, equilibrio y ritmo: ora et labora, “reza y trabaja”.
Su Regla de San Benito se convirtió en el fundamento del monacato occidental y, eventualmente, de la misma civilización occidental. Santificó la vida cotidiana, enfatizó la estabilidad, la comunidad y la obediencia, todo mientras preservaba el fuego del espíritu contemplativo oriental.
Una sola Iglesia, que respira con ambos pulmones.
Extraído de ChurchPop
ordendesanbenito.org/donations




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